P. Luis Alarcón Escárate
Párroco San José-La Merced de Curicó
Vicario Episcopal de Curicó y Pastoral Social
Capellán CFT-IP Santo Tomás de Curicó
Cuando se acercaron a Jerusalén y llegaron a Betfagé, al monte de los Olivos, Jesús envió a dos discípulos, diciéndoles: <<Vayan al pueblo que está enfrente, e inmediatamente encontrarán un asna atada, junto a su cría. Desátenla y tráiganmelos. Y si alguien les dice algo, respondan: <<El Señor los necesita y los va a devolver enseguida>>. Esto sucedió para que se cumpliera lo anunciado por el Profeta: <<Digan a la hija de Sion: Mira que tu rey viene hacia ti, humilde y montado sobre un asna, sobre la cría de un animal de carga>>. Los discípulos fueron e hicieron lo que Jesús les había mandado; trajeron el asna y su cría, pusieron sus mantos sobre ellos y Jesús montó sobre él. Entonces la mayor parte de la gente comenzó a extender sus mantos sobre el camino, y otros cortaban ramas de los árboles y lo cubrían con ellas. La multitud que iba delante de Jesús y la que lo seguía gritaba: <<¡Hosanna al Hijo de David! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor! ¡Hosanna en las alturas!>>. Cuando entró en Jerusalén, toda la ciudad se conmovió, y preguntaban: <<¿Quién es éste?>>. Y la gente respondía: <<Es Jesús, el profeta de Nazaret en Galilea>> (Mateo 21,1-11).
En este Domingo llegamos a nuestras iglesias con los Ramos de palma y de olivos para reconocer al Señor, al Mesías que entra a Jerusalén como un hombre sencillo, montado sobre un asno y reconocido por todo el Pueblo. Tenemos dos Evangelios, uno es éste, que hemos compartido con todos y otro es el de la Pasión según San Mateo y que en cada Eucaristía de hoy se leerá. Si los miramos juntos, nos damos cuenta de la gran contradicción entre ellos ya que aquellos que lo aclamaban con gritos de Hosanna y bendito, luego en la Pasión lo ignoran pidiendo que salven a Barrabás. Es la suerte de los profetas que no buscan morir, pero su ministerio culmina de una manera trágica ya que en general a las personas no les gusta una corrección enérgica y llena de verdad. El Padre Pagola, como en otras ocasiones nos ayudará con su comentario del texto de la Pasión, que se puede leer en familia y luego comentar para comprender este misterio:
“La ejecución del Bautista no fue algo casual. Según una idea muy extendida en el pueblo judío, el destino que espera al profeta es la incomprensión, el rechazo y, en muchos casos, la muerte. Probablemente, Jesús contó desde muy pronto con la posibilidad de un final violento.
Pero Jesús no fue un suicida. Tampoco buscaba el martirio. Nunca quiso el sufrimiento ni para él ni para nadie. Dedicó su vida a combatirlo en la enfermedad, las injusticias, la marginación o la desesperanza. Vivió entregado a «buscar el reino de Dios y su justicia»: ese mundo más digno y dichoso para todos que busca su Padre.
Si Jesús acepta la persecución y el martirio es por fidelidad a ese proyecto de Dios, que no quiere ver sufrir a sus hijos e hijas. Por eso no corre hacia la muerte, pero tampoco se echa atrás. No huye ante las amenazas; tampoco modifica su mensaje ni se desdice de sus afirmaciones en defensa de los últimos.
Le habría sido fácil evitar la ejecución. Habría bastado con callarse y no insistir en lo que podía irritar en el templo o en el palacio del prefecto romano. No lo hizo. Siguió su camino. Prefirió ser ejecutado antes que traicionar su conciencia y ser infiel al proyecto de Dios, su Padre.
Aprendió a vivir en un clima de inseguridad, conflictos y acusaciones. Día a día se fue reafirmando en su misión y siguió anunciando con claridad su mensaje. Se atrevió a difundirlo no solo en las aldeas retiradas de Galilea, sino en el entorno peligroso del templo. Nada lo detuvo.
Morirá fiel al Dios en el que ha confiado siempre. Seguirá acogiendo a todos, incluso a pecadores e indeseables. Si terminan rechazándolo, morirá como un «excluido», pero con su muerte confirmará lo que ha sido su vida entera: confianza total en un Dios que no rechaza ni excluye a nadie de su perdón.
Seguirá buscando el reino de Dios y su justicia, identificándose con los más pobres y despreciados. Si un día lo ejecutan en el suplicio de la cruz, reservado para esclavos, morirá como el más pobre y despreciado, pero con su muerte sellará para siempre su fe en un Dios que quiere la salvación del ser humano de todo lo que le esclaviza.
Los seguidores de Jesús descubrimos el Misterio último de Dios encarnado en su amor y entrega extrema al ser humano. En el amor de ese crucificado está Dios mismo identificado con todos los que sufren, gritando contra todas las injusticias y perdonando a los verdugos de todos los tiempos. En este Dios se puede creer o no creer, pero no es posible burlarse de él. En él confiamos los cristianos. Nada lo detendrá en su empeño por salvar a sus hijos e hijas”.
Que durante estos días de oración y reflexión podamos recoger lo que el Papa nos pedía al inicio de la cuaresma: Escuchar a Jesús y a sacudirse de la espectacularidad que nos adormece en el puro cumplimiento de ritos y no en la transformación de la vida de las personas y del mundo entero.
Domingo de ramos de la pasión del Señor, 29 de marzo 2026.