La jornada se realizó el sábado 8 de agosto en el Santuario El Carmen de Curicó y contempló un espacio fraterno junto al obispo Galo Fernández, además de la celebración de la Eucaristía. Algunos diáconos estuvieron acompañados por sus esposas, reafirmando también el importante papel de la familia en su ministerio.
Con un espíritu de fraternidad, encuentro y acción de gracias, los diáconos de la Diócesis de Talca celebraron anticipadamente su día el sábado 8 de agosto, en el Santuario El Carmen de Curicó. La jornada, que tuvo como centro la celebración de la Eucaristía, fue también una oportunidad para compartir la vida, las experiencias pastorales y el compromiso de servicio que cada uno desarrolla en sus respectivas comunidades.
El encuentro comenzó a las 16:30 horas con una once compartida junto a nuestro pastor diocesano. En torno a la mesa, los diáconos pudieron conversar y compartir fraternalmente, dando a conocer parte del trabajo pastoral que realizan en sus respectivas zonas y las distintas realidades que acompañan en sus comunidades.
Algunos de ellos estuvieron acompañados por sus esposas, presencia que permitió poner también en valor la dimensión familiar que acompaña el ministerio diaconal.
Una vocación marcada por el servicio
A las 19:00 horas se celebró la Eucaristía en el Santuario El Carmen, donde los diáconos pusieron en las manos de Dios su servicio y renovaron su acción de gracias por el llamado recibido.
Durante su homilía, el obispo Galo Fernández destacó que el diaconado permanente tiene una riqueza particular, ya que permite que hombres que viven su vida familiar y laboral puedan poner también esa experiencia al servicio de la Iglesia y de las comunidades.
“Un hombre de Iglesia plenamente envuelto en el Sacramento del Orden, pero que al mismo tiempo trae y vive la experiencia cotidiana de toda familia, de todo hombre de trabajo, de todo esposo, de todo padre, generando con eso un ángulo, una perspectiva enteramente novedosa para enfrentar el ministerio que enriquece la vida a la familia, pero al mismo tiempo lo abre a una disponibilidad para el servicio, que es el rasgo propio del diácono: servidor de la Palabra, servidor del altar y servidor de los pobres”.
Monseñor Fernández también agradeció la presencia y entrega de los diáconos en las distintas comunidades, especialmente en aquellos lugares donde su cercanía pastoral resulta fundamental. Asimismo, reconoció el acompañamiento de sus esposas y familias, señalando que el ministerio diaconal involucra también la vida familiar.
La homilía estuvo marcada además por una invitación a vivir la fe y el servicio en medio de las dificultades. A partir de las lecturas bíblicas, el obispo recordó que los momentos de crisis pueden convertirse en oportunidades.
“Que el Señor renueve en ustedes esta vocación de fidelidad al camino de Jesús, que es fidelidad al amor y al servicio, que nos pone al servicio del mundo en que estamos, de la patria que amamos para hacer de esta tierra una tierra donde todos puedan vivir en la fe, en el amor, en la esperanza”.
La jornada concluyó como un espacio de encuentro y renovación, fortaleciendo los lazos fraternos entre los diáconos y reafirmando su compromiso de seguir acompañando y sirviendo a las comunidades de la Diócesis de Talca.