La celebración reunió a una gran cantidad de personas en el templo catedral de Talca y contempló la presentación del documental “Sin desviar la mirada”, reflexiones sobre la defensa de la dignidad humana, la Cantata de los Derechos Humanos y un reconocimiento a quienes fueron parte de esta historia de servicio y compromiso.
Este miércoles 19 de agosto se realizó la conmemoración de los 50 años de la Vicaría de la Solidaridad, una jornada que buscó unir memoria, testimonio, reflexión y expresión artística, proyectando hacia el presente el compromiso de la Iglesia con la defensa de toda persona y sus derechos fundamentales.
La actividad comenzó a las 19:00 horas y convocó a integrantes de la comunidad diocesana, personas que fueron protagonistas de la historia de la Vicaría, familiares, agentes pastorales y público en general, quienes se reunieron para recordar una parte significativa de la historia de la Iglesia y del país.
El saludo inicial estuvo a cargo del obispo de Talca, monseñor Galo Fernández, quien destacó la importancia de reunirse como un ejercicio de memoria y reconocimiento.
“Era muy importante que nos reuniéramos en esta ocasión, para cumplir un deber de memoria, de reconocimiento, para renovar y reactivar en nuestros corazones el compromiso irrefutable que nos brota desde el Evangelio con la dignidad de la persona humana (…) Que este acto sea un homenaje de memoria, un acto que nos ayude a tener presente esa historia para cuidar de mantener ese mismo compromiso y para luchar para que todo hombre tenga derecho a ser persona”, afirmó.
“Sin desviar la mirada”
Como primer momento de la jornada se presentó el documental “Sin desviar la mirada: la historia de la Vicaría de la Solidaridad y su compromiso con la dignidad humana”, producción que recoge las voces, experiencias y testimonios de personas que fueron protagonistas de esta historia en la Diócesis de Talca.
A través de sus relatos, imágenes y recuerdos, el documental permitió acercarse a una época marcada por el dolor, la incertidumbre y la vulneración de derechos, pero también por la solidaridad, la valentía y el compromiso de quienes decidieron acompañar y defender la dignidad de otras personas.
Tras la exhibición, tres invitados participaron de una reflexión en torno a la pregunta: “¿Cómo esta memoria me impulsa hoy a defender la dignidad de la persona humana desde mi propio ámbito?”
La primera intervención estuvo a cargo de Fernanda Rojas, documentalista responsable de la realización de la producción. Desde su experiencia, destacó la responsabilidad que implica acercarse a historias que pertenecen a otros y la importancia de preservar sus testimonios.
“Como una generación que no vivió la dictadura, creo sumamente importante buscar y compartir nuestras historias, inspirarnos, vernos reflejados en el otro y también compadecernos y sentir empatía por nuestros semejantes. Poder ser cada vez más y mejores seres humanos. Documentar, sin duda, es pensar en el futuro, es rescatar lo humano. Descubro así, desde mi labor, la posibilidad de retratar y compartir con el mundo los rostros que forman parte de nuestra historia. Cada una digna de contar. El llamado entonces es atender la mano y, por sobre todo, nunca desviar la mirada”.
Las otras dos reflexiones estuvieron a cargo de Rodrigo Palomo, abogado y doctor en Derecho del Trabajo y de la Seguridad Social, y del padre José Ignacio Fernández, sacerdote diocesano y teólogo, quienes desde sus respectivos ámbitos profundizaron en la relación entre memoria, fe, derechos humanos y compromiso con la persona.
La música como expresión de memoria y compromiso
Uno de los momentos más significativos de la jornada fue la presentación de la Cantata de los Derechos Humanos, conocida también como “Cantata Caín y Abel”, interpretada en esta oportunidad por el Coro de la Universidad Católica del Maule.
La interpretación fue ampliamente aplaudida por los presentes y permitió cerrar el espacio de reflexión con una expresión artística cargada de significado, que puso en el centro la defensa de la vida, la dignidad y los derechos humanos.
En los momentos finales de la actividad, monseñor Galo Fernández hizo entrega de reconocimientos a Marta Cofré, Silvia Espinoza y Pablo Araya, como expresión de profundo agradecimiento por su compromiso y servicio en la Vicaría de la Solidaridad.
También fueron reconocidas personas que participaron en la realización del documental y que compartieron sus testimonios para contribuir a preservar esta memoria: el hermano Guido Goossens, Ana María Rivero, José Sepúlveda, Manuel Calquín y Fernanda Rojas.
Asistentes valoraron el llamado a mantener viva la memoriaNadia Araya, hija de Pablo Araya, uno de los protagonistas del documental, llegó junto a su madre y sus hijos para acompañarlo en esta significativa jornada. “Mi papá fue uno de los que participó del documental y obviamente lo vinimos a acompañar. Para él, el trabajo que hizo en la Vicaría fue muy importante. Yo estaba muy chiquitita cuando mi papá trabajó y no dimensioné la gran labor que ellos hacían, el trabajo tan grande con muchas familias y con mucha gente que lo necesitaba en ese momento. Ahora como que dimensioné todo eso. Mucha gente hoy día se le acercaba, lo abrazaba y lo saludaba, y eso también fue muy importante para nosotros”.
Silvia Espinoza Garrido, una de las protagonistas de esta historia y participante del documental, calificó la jornada como un momento histórico y destacó la importancia de que estas experiencias sean conocidas por las nuevas generaciones. “Creo que hoy día se vivió un día histórico, revelando hechos que para la mayoría de la ciudadanía son desconocidos. La gente supo que algo pasó, pero hay mucho negativismo y no ha entendido la conexión que hay entre el Evangelio y los derechos humanos, y por supuesto en la Doctrina Social de la Iglesia. Espero que este gesto anime a seguir difundiendo, porque esto no se puede olvidar, lo vivido por tantos chilenos”.
Fabiola Bernal Díaz, de la parroquia Los Dos Apóstoles, valoró especialmente los testimonios recogidos en el documental y el significado de que la Iglesia mantenga viva esta memoria. “El documental era una sorpresa porque no lo conocía. El testimonio de las personas realmente fue algo muy emocionante. Primero que nada, uno se siente orgulloso de ellos, de sentirnos parte de esta Iglesia y, sobre todo, de quienes lucharon y dieron casi la vida también. Yo creo que la Iglesia con esto nos da un camino, pero también es importante seguir comprometiéndonos con los derechos humanos, que la Iglesia tenga voz en los momentos más difíciles de la historia de nuestro país”.
Como gesto final de esta actividad, se invitó a quienes participaron de la celebración a firmar un lienzo como signo de compromiso con el cuidado permanente de la dignidad de toda persona.
Celebración 50 Años de la Vicaría de la Solidaridad, desde la catedral de Talca
Documental: “Sin Desviar la Mirada"