Los voluntarios de la Pastoral de la Pontificia Universidad Católica de Chile regresaron a esta comunidad de la parroquia de San Rafael para completar el trabajo iniciado durante el invierno y, especialmente, compartir junto a sus habitantes.
Durante el invierno, un grupo de jóvenes voluntarios de Trabajo País, proyecto de voluntariado universitario de la Pastoral de la Pontificia Universidad Católica de Chile, llegó hasta la comunidad de Pangue Abajo perteneciente a la parroquia de San Rafael, con un propósito que iba mucho más allá de levantar una construcción: combatir la soledad y generar espacios de encuentro que permanezcan en el tiempo.
La primera visita se realizó entre el 10 y el 15 de julio, período en que 33 voluntarios trabajaron en la construcción de un salón multiusos para la Capilla San José de Pangue Abajo. La iniciativa contemplaba contar con un espacio para realizar catequesis, velar a los difuntos y desarrollar distintas actividades comunitarias. Sin embargo, debido al temporal que afectó a la zona, los jóvenes debieron regresar anticipadamente a Santiago.
El trabajo también contó con la participación activa de los propios habitantes, quienes continuaron avanzando en la construcción después de esta primera visita y colaboraron con materiales, mano de obra y distintas tareas para concretar el proyecto.
Aunque la construcción quedó prácticamente terminada, los voluntarios consideraron que faltaba profundizar en el encuentro con los habitantes del sector. Por ello, regresaron entre el 11 y el 15 de septiembre, esta vez con 18 jóvenes, para finalizar algunos detalles de la obra y desarrollar diversas actividades junto a la comunidad como talleres de rosarios, aprendiendo de finanzas personales, actividades para niños, un concurrido bingo y espacios de convivencia.
La inauguración del salón el sábado 12 de septiembre fue uno de los momentos centrales de estas actividades, con una jornada festiva que reunió a gran parte de la comunidad, quienes recibieron las llaves ese día para hacerse cargo del nuevo espacio.
Más allá del voluntariado
Para Catalina del Campo, jefa de zona de Trabajo País, uno de los principales frutos de la experiencia fue precisamente el vínculo generado con la comunidad: “Es una sensación muy difícil de explicar. Uno se llena mucho. Cualquier voluntario al que uno le pregunte siempre va a decir que salió orgulloso de lo que hizo y lleno de conocer diferentes historias, diferentes contextos y de haber dado algo que quizás para mí era tan lógico, tan obvio, pero que para una comunidad no lo es”, señaló.
Para Arturo Walker, la experiencia de Trabajo País tiene un significado que trasciende la construcción y el voluntariado.
“Mi principal razón de participar en esto es porque realmente me hace feliz. Estas actividades realmente a uno como que le dan plenitud. Venir, compartir, aprender e intentar transformar o generar un impacto en las comunidades es algo que a mí personalmente me llena y me hace feliz”, expresó.
Por otra parte, el padre Juan Pablo Bravo, párroco de San Rafael, valoró tanto el compromiso de los jóvenes como la respuesta de los habitantes de Pangue Abajo: “Mucha gente participó, muchos maestros prestaron gratuitamente su servicio y terminaron de construir lo que faltaba. Y lo otro también es que han reconciliado mucho a la misma comunidad: había familias que no se hablaban y trabajaron juntas por un mismo fin”.
En su último día en Pangue Abajo, los jóvenes realizaron durante la mañana un taller de escapulario y actividades con los niños. Por la tarde, fueron los propios habitantes quienes les enseñaron a preparar pan, para luego cerrar la jornada con una pichanga junto a la comunidad.
De esta manera, tras dos visitas marcadas por el trabajo y el encuentro, los voluntarios de Trabajo País regresan a Santiago dejando en esta capilla un nuevo espacio para la vida comunitaria y, sobre todo, experiencias compartidas con sus habitantes.