Mons. Galo Fernández presidió la celebración del Te Deum con ocasión de fiestas patrias, en la iglesia catedral de Talca durante la mañana del viernes 18 de septiembre.
Autoridades civiles y uniformadas, representantes de diversos estamentos de la comunidad y fieles de parroquias se dieron cita en esta tradicional liturgia con que se da gracias a Dios por el país.
Tras las lecturas (Lucas 7, 11-17), nuestro obispo, Mons. Galo Fernández, expresó que “el relato del evangelio nos presenta una situación que parece una parábola para examinar nuestra convivencia como hijos y hermanos de una misma tierra. Dos grandes grupos de personas que van por un mismo camino, pero en sentidos opuesto. Jesús, sus discípulos y una gran multitud. Van hacia la ciudad. Saliendo de ella viene un cortejo fúnebre. Van a enterrar al hijo único de una mujer viuda”.
“Dos columnas que van en sentidos inversos. No son el bien y el mal que se confrontan. Es la esperanza anunciada por Jesús la que se ve interpelada por la cruda realidad. También hoy, quienes peregrinamos en esta tierra, nos cruzamos llevando historias muchas veces muy contrapuestas”.
“En nuestra Patria, también se cruzan cotidianamente la vida y la muerte, el dolor y la alegría, la esperanza y el desaliento. En este día de fiesta nacional, también la vida de tantos que caminan abatidos y sin esperanza nos interpela cuando cantamos con entusiasmo que la Patria es ‘la copia feliz del edén’”, destacó nuestro pastor diocesano.
Una serie de preocupaciones nos interpelan como sociedad: violencia, crimen organizado, inseguridad, estancamiento económico y mucha falta de trabajo. Cambio climático cada vez más notorio, polarización social y política, ente otros aspectos, agregó Mons. Fernández.
Hacer nuestras las alegrías y los dolores
Más adelante el obispo de Talca destacó que “el relato evangélico dice que Jesús vio y tuvo compasión (…) Este es el acto inaugural de la Patria. Ella no se constituye por el solo hecho de habitar en una misma tierra. Hace falta algo más, Chile, emerge cuando somos capaces de reconocernos y hacer nuestras las alegrías y los dolores de quienes nos rodean (…) La patria surge allí donde la indiferencia es derrotada por la empatía y la solidaridad”.
Mons. Galo Fernández agradeció a quienes se involucran por el bien del país y de quienes lo habitan: “Basta afinar un poco la mirada para reconocer el resplandor de la esperanza que nos sale al encuentro en todos los espacios. Es la columna humana que sigue a Jesús. La que junto a Jesús se deja conmover ante el hermano desamparado y se involucra en la tarea de la justicia y la dignidad de todos los que caminan por nuestros caminos”.
Haciendo un reconocimiento a Nuestra Señora del Carmen, quien ha estado presente desde los albores de la vida nacional, el obispo hizo hincapié que celebramos el centenario de su coronación como Reina y Madre de Chile: “Su íntima cercanía al corazón de todos, en las alegrías y los dolores, en las bodas de Caná y en el monte del calvario, es fuente de esperanza y consuelo en esta hora de la historia”.
En el momento del ofertorio se llevó al altar una bandera chilena, depositado a los pies de la Virgen del Carmen. Se presentó un ramo de flores para encomendar a los servidores públicos, y un cirio encendido, signo que representa la luz que tantos hermanos que silenciosamente sirven al prójimo.
La liturgia del Te Deum concluyó con el canto del himno nacional.