Con una Eucaristía presidida por el obispo Galo Fernández, la comunidad diocesana puso término este domingo 18 de octubre a las celebraciones por su centenario. La jornada comenzó con el descubrimiento y bendición de una placa conmemorativa en el templo catedral.
Con una mirada agradecida por la historia recorrida, la Diócesis de Talca culminó este domingo 18 de octubre la celebración de sus 100 años de vida. La ceremonia se realizó en el templo catedral y fue presidida por el obispo de Talca, monseñor Galo Fernández.
Previo al inicio de la Eucaristía se efectuó el descubrimiento y bendición de una placa conmemorativa del centenario, como signo permanente de este aniversario y de la historia construida durante un siglo por generaciones de obispos, sacerdotes, religiosas, religiosos, agentes pastorales y comunidades. Cabe destacar que de forma paralela en las parroquias de la diócesis se instalaba una placa alusiva a estos 100 años.
Durante la homilía, monseñor Fernández recordó que la diócesis fue fundada el 18 de octubre de 1925, en un contexto histórico marcado por la separación de la Iglesia y el Estado. A partir de esta referencia, destacó el aporte que la Iglesia ha realizado durante estos cien años en la evangelización y también en ámbitos como la educación, la justicia social, la caridad y el acompañamiento de las personas más pobres.
El obispo señaló que el centenario ha sido una oportunidad para “hacer memoria agradecida” de la historia diocesana, pero advirtió que esta celebración no debe quedarse solamente en el recuerdo. “Damos gracias a Dios por esta historia, pero no solo para quedarnos mirando orgullosos de lo que ha pasado, sino más bien para sentirnos desafiados a ser testigos de Jesús, misioneros en este tiempo nuevo de la historia”, afirmó.
Fe y compromiso con la sociedad
En su reflexión, el obispo también abordó el Evangelio del día y la frase de Jesús: “Den al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios”. Para el obispo de Talca, estas palabras no significan que la fe deba mantenerse al margen de la vida social.
En este sentido, sostuvo que los católicos tienen “todo el derecho y más aún diría yo el deber de intervenir en la construcción de la sociedad terrena”, mientras que la Iglesia está llamada a aportar desde el Evangelio al bien común. El obispo vinculó esta reflexión con la propia historia de la diócesis y afirmó que, aunque la Iglesia y el Estado desarrollen sus respectivas funciones con autonomía, “la Iglesia continuará contribuyendo al bien de la sociedad, al bien del Estado”.
Uno de los énfasis finales de su homilía estuvo puesto en el compromiso con los más pobres. A partir de la imagen de la moneda que lleva grabado el rostro del César, invitó a reconocer que cada ser humano lleva grabada la imagen de Dios: “Tenemos grabada la imagen de Dios y por eso el cuidado de los más pobres es la forma más concreta de pagar el tributo a Dios”, expresó.
Con este mensaje, la Diócesis de Talca cerró oficialmente su año jubilar, marcado por la memoria agradecida de un siglo de historia. La celebración concluyó con la oración del centenario y con la invitación del obispo a renovar el caminar de la Iglesia diocesana y su compromiso evangelizador.