Con una emotiva Eucaristía, la comunidad rindió homenaje al querido sacerdote luxemburgués, cuya obra pastoral y social transformó la vida de numerosas familias campesinas de Romeral y Teno.
Veinticinco años después de su partida, el recuerdo del padre Luis Letsch, cariñosamente conocido como el padre Lucho, permanece vivo en las comunidades de Romeral y Teno. Así quedó de manifiesto en la Eucaristía celebrada el 29 de octubre en la parroquia Nuestra Señora del Pilar de Romeral, presidida por el obispo de Talca, monseñor Galo Fernández, y que reunió a familiares, amigos, colaboradores y numerosas personas que conocieron su labor.
En su homilía, el obispo destacó la gran convocatoria y la vigencia del testimonio del sacerdote, quien llegó desde Luxemburgo a Chile en 1971. “Eso es señal de que la semilla que sembró el padre Lucho estuvo bien puesta, es fecunda y dejó huella”, expresó, agregando que con el paso de los años se toma mayor conciencia de la profundidad y belleza de su vida y de cómo marcó a tantas personas.
El alcalde de Romeral, José Antonio Arellano, destacó el cariño con que la comunidad recuerda al sacerdote y agradeció las obras realizadas en Romeral y Teno. Asimismo, valoró las villas de la Fundación Luxemburgo como un ejemplo de vida comunitaria. “Estoy absolutamente convencido que está hoy día acá con nosotros, nos está acompañando, porque este era su púlpito, esta era su parroquia”, manifestó.
Dignidad para las familias
Uno de los principales legados del padre Letsch fue el proyecto de aldeas campesinas, que permitió a numerosas familias acceder a una vivienda digna y construir un futuro mejor. Teresa Correa, beneficiaria de la aldea Santa Cecilia de Guaico 3, agradeció emocionada esta iniciativa: “Soñamos con un hogar digno para nuestros hijos y gracias a Dios que puso al padre Lucho en nuestro camino, ese sueño se hizo realidad”. Recordó los sacrificios y esfuerzos de las familias, que hoy cuentan con casas donde sus hijos han podido crecer con amor y dignidad.
También entregó su testimonio el padre Julián Brown, sacerdote luxemburgués y amigo del padre Lucho, con quien compartió la ordenación sacerdotal y el viaje a Chile en 1971. Recordó su amor por esta tierra, su cercanía con la gente y su profunda fe. Entre sus recuerdos más significativos evocó una celebración eucarística en los últimos días del sacerdote, cuando tomó el cáliz y expresó: “Jesús, te amo”.
Por su parte, Antonio Hernández, director de la Fundación Luxemburgo, recordó que hace 40 años fue convocado por el padre Letsch para trabajar con matrimonios y jóvenes campesinos, experiencia que dio origen al proyecto de las aldeas rurales. Destacó su compromiso con la dignidad humana y señaló que la Fundación continúa desarrollando iniciativas sociales y comunitarias inspiradas en el legado cristiano de su fundador.
También entregaron su testimonio Esteban Durán y el diácono Alfredo Reyes, amigo por muchos años del padre Lucho, con quien formó equipo pastoral en Romeral de la mano de su esposa Silvia Núñez.
Esta Eucaristía fue organizada por la Fundación Luxemburgo, institución privada sin fines de lucro que promueve el desarrollo de diversos actores sociales, especialmente de los sectores más vulnerables, y que mantiene vivo el legado del padre Lucho.
Al finalizar la celebración, los asistentes realizaron una procesión con velas encendidas hasta la tumba del sacerdote, ubicada en el cementerio parroquial de Romeral, en un gesto de oración y gratitud hacia quien dedicó su vida al servicio de Dios y de las personas más necesitadas.
A 25 años de su pascua, el padre Luis Letsch sigue presente en las comunidades que ayudó a construir y, especialmente, en el corazón de tantas familias que encontraron en él a un pastor cercano y comprometido con su dignidad.