El pasado sábado 03 de marzo la hermana María Elena Navarro, perteneciente a la congregación de la Hermanas del Prado, celebró sus 25 años de vida religiosa junto a su familia y amigos en la parroquia San José de Pelarco.
La celebración se inició a las 17:00 horas y contó con la presencia del Obispo de Talca Monseñor Horacio Valenzuela Abarca, quién además presidió la Eucaristía y agradeció por estos 25 años de vida religiosa de la hermana “sostenidos en la fidelidad de Cristo”.
En su homilía, monseñor Valenzuela también recordó que “la vida religiosa, como la vida cristiana, es una vocación a la alegría del evangelio. Pero esa alegría tiene una raíz principal y es vivir con la conciencia agradecida de ser un vaso frágil. Que lindo es saber que en el mundo hay personas como la hermana María Elena, a los cuales Cristo les conquistó el corazón y dedican toda su inteligencia, todas sus capacidades, toda su fuerza a acompañar a los demás, a hacer florecer a los tristes y defender a los débiles”.
Al finalizar la Eucaristía, la hermana dedicó unas hermosas palabras donde expresó con una frase de San Pablo lo que ha sido para ella estos 25 años de vida religiosa: “Llevo un tesoro en vaso de barro… Jesucristo es ese tesoro que un día escogí y seducida por su belleza y su riqueza lo dejé todo para seguirlo, pero ese dejarlo todo se transformó en ganancia para mi vida y la primera ganancia es ser feliz”.
Asimismo, las palabras de agradecimiento en primer lugar fueron dedicadas a su familia, por el apoyo incondicional que le brindan y por comprender que el Señor la llamó a sus 18 años y a sus hermanas de la congregación por ser esa fuerza fraternal en el camino. De igual forma, agradeció a la comunidad de Santa Rosa de Lontué por acogerla en sus primeros años de vida religiosa, a la comunidad de San José de Pelarco, a la Pastoral Social, al Colegio Integrado de Talca y a muchos otros que la han acompañado todos estos años.
Con la entrega de algunos regalos por parte de sus amigos y agentes pastorales de la comunidad, culminó esta especial celebración y a la salida del templo parroquial, muchos abrazos y afectos se apreciaron para la hermana María Elena.