1. Con el Nacimiento del Salvador la Gloria del cielo se une con la tierra trayéndonos la salvación y la paz que todos buscamos.
2. En la Nochebuena los pastores y los magos guiados por la estrella llegaron al pesebre y encontraron a Dios. Años más tarde el mismo Jesús lo confirmó: “El que me ha visto, ha visto al Padre” (Jn 14, 9).
3. Dios toca el mundo en Belén y convierte el pobre pesebre en el manantial de la vida nueva y eterna que riega el mundo y hace florecer la esperanza.
4. En una familia humilde, que cuidaba y adoraba a un Niño, pastores y magos encontraron al Dios Vivo entre nosotros. La esperanza de la humanidad ha entrado al mundo en la fe y en el amor de una familia.
5. Para la Sagrada Familia de Jesús María y José, sin embargo, no todo fue alegría. Desde el comienzo, las cosas no fueron fáciles. Para ellos no hubo privilegios… sufrieron pobreza, persecución, desconcierto, peligros de muerte y exilio.
6. Desde su nacimiento hasta su muerte Jesús se hizo solidario de todos los dolores humanos, de todas las familias, de todos los niños.
7. En este tiempo en que nuestra Iglesia busca ser misionera en todo, nos enciende el corazón el saber que Cristo está aquí y puede iluminar y sanar todo lo oscuro y enfermo del corazón humano. Él nos libera del imperio de las apariencias, del temor a las opiniones, de la dictadura de lo que no vale.
8. Nos apasiona dar testimonio de que Cristo es la Luz para comprender el mundo, la vida, la muerte, el poder, la alegría y el dolor. Nos mueve la convicción de que Cristo es capaz de hacer nuevas todas las cosas (Ap. 21, 5).
9. Esta Luz nueva nos viene a liberar de la oscuridad del mal y el pecado que siembra injusticia y violencia en la familia y en la sociedad. De mil formas esa violencia destruye hogares y familias dejando una estela oscura de amargura, tristeza y muerte. Días atrás decenas de niños murieron en un atentado terrorista; millones de ellos, como el Niño Jesús, hoy aún no encuentran refugio.
10. En Cristo, Luz del mundo, brilla la verdad y queda al descubierto el vacío de las modas y las obligaciones que nos oprimen y esclavizan.
11. Con el corazón humilde de los pastores y los sabios, vayamos de nuevo al pesebre para adorar al Señor que ha nacido. Recibamos el influjo de su mirada inocente que nos invita a ver en cada persona un hermano y a ver el mundo como un hogar donde todos son bienvenidos.
12. Cuidemos nuestras familias y cultivemos en ellas la oración y el amor… sabemos que este es el camino por el que vino y vendrá la alegría de Dios al mundo. “La fe nos hace comprender que la fraternidad, sin… un Padre común, no logra subsistir. La verdadera raíz de la fraternidad y la paz es Cristo que se ha hecho hermano de todos” (Lumen Fidei 54).
13. La familia que cría hoy los niños en la fe, en el amor y el respeto a los demás está quitando las armas a los hombres del mañana. La fe nos hace ver el valor infinito de cada ser humano como imagen de Dios.
14. Como un regalo de Navidad pedimos al Espíritu Santo que nos conduzca al encuentro de su Hijo, Jesucristo presente en la Iglesia, especialmente en la Eucaristía, presente en el tesoro de su Palabra y enseñanzas, presente en el pueblo fiel de Dios, en los que sufren y en los humildes de corazón.
15. Te bendecimos, Señor, Dios Altísimo, que te has hecho pequeño… eres rico, y te has hecho pobre; eres omnipotente, y te has hecho débil (Papa Francisco Homilía de Navidad 2013).
Junto a sus seres más queridos, les deseo una feliz Navidad y un año pleno de bendiciones.
+ HORACIO VALENZUELA ABARCA
Obispo de Talca