Autoridades, dirigentes vecinales y ciudadanos se dieron cita en esta liturgia, celebrada en la mañana del sábado 12 de mayo en el templo catedral de Talca.
La celebración fue presidida por el padre Luis Alarcón Escárate, Vicario Episcopal de la zona Talca Ciudad, quien expresó su satisfacción por la forma en que ha ido creciendo la comuna.
“Somos una buena ciudad para vivir dicen las estadísticas, estamos entre las 15 primeras comunas del país. Compartir estas cosas hace bien. Nos faltan cosas por hacer, sin duda, pero hay que reconocer lo bueno”, dijo el presbítero.
“Como ciudad, como comuna se han dado pasos, pero tenemos que seguir avanzando. La primera lectura nos hablaba del Espíritu Santo que llegaba a la ciudad de Jerusalén, y en ella había gente de todos los lugares. Nosotros en Talca tenemos venezolanos, haitianos, peruanos, paraguayos, argentinos y de otros países. La ciudad está conformada con todos ellos, y todos deben ser tomados en cuenta para poder descubrir los pasos que debemos andar para mejorar todo lo que ocurre en la ciudad”, afirmó el padre Luis Alarcón.
“El Evangelio nos propone el hecho de compartir la vida y cómo lograr que la ciudad sea un espacio para dialogar de verdad, para que sintamos la seguridad de poder expresarnos. La necesidad de los discípulos era que se había ido su amigo y estaban tristes, pero se reencuentran con él y eso lo comunican a los demás, su anhelo se cumple en la ciudad”.
Por último el Vicario de Talca Ciudad hizo hincapié en que la vida cristiana no se vive encerrado en un templo, “se vive de la puerta para afuera. Y hay muchos hombres y mujeres que quieren vivir y colaborar haciendo su aporte, haciendo el bien”.
En el momento del ofertorio se presentó una tortilla y churrascas como signo de la convivencia en la sociedad talquina; minusválidos presentaron elementos deportivos como signo de la inclusión social; también se presentaron plantas en maceteros reutilizables y leña seca.
Este Te Deum del aniversario de Talca fue concelebrado por el padre Carlos Serrano Ariztía y por el padre José Carraro.