El templo de catedral acogió, en la noche del viernes 21 de septiembre, a cientos de files que llegaron a testimoniar a quien fuera padre, obispo y pastor entre 1967 y 1996.
Esta celebración comenzó con palabras de recuerdo de don Carlos González Cruchaga, quien decía: “He vivido con la alegría de no haberme equivocado en seguir esta vocación, que siempre encuentro atrayente por lo que significa vivir por Dios y al servicio de todos”.
Monseñor Galo Fernández Villaseca, Administrador Apostólico de Talca, presidió la celebración eucarística, quien se refirió al contexto en que se vivía esta Misa, momento de dolor, no por el desprestigio de la Iglesia sino por el dolor de las víctimas que no supimos escuchar.
“No debemos ceder en la tentación de querer rápidamente dar vuelta la página ante el escándalo. Sin embargo, tampoco ayuda quedarse en esa otra tentación, la que señalaba el Papa Francisco en el encuentro con los consagrados en enero de este año, la peor de todas decía, la de quedarse rumiando la desolación. Celebrar la memoria de don Carlos es la preciosa oportunidad para volver a lo medular de nuestro camino de Iglesia que se sabe discípula de Jesucristo y servidora de la humanidad”, mencionó el obispo.
A partir del evangelio del día cuando Jesús llamó a Mateo, monseñor Fernández dijo que era apropiado contemplar a don Carlos como el Mateo del evangelio “que se descubrió llamado a dejarlo todo por seguir a Jesús (…) a la luz de este relato, contemplar el ministerio pastoral de don Carlos como el de Jesús que se acerca, que llama de manera libre y generosa (…) resulta luminoso contemplar a don Carlos como el discípulo del Jesús amigo de publicanos y pecadores. En épocas complejas de nuestra historia fue amigo y defensor de perseguidos políticos. Fue valiente para defenderlos y asumir la cuota de desprestigio e incluso persecución que debió sufrir por ello. También se hizo amigo de campesinos y de los empobrecidos”, agregó el Administrador Apostólico.
También destacó su relación y afán incansable por buscar a Dios: “Don Carlos vivió su experiencia de fe con profundo sentido contemplativo. Es muy significativo que en épocas de graves conflictos sociales, de cambios culturales gigantescos como los que le tocó vivir escribió incansablemente sobre el camino de oración, sobre la búsqueda y experiencia de Dios, sobre sus silencios y sobre la estabilidad interior o el crecimiento de una vida de consagrado a Dios”.
En el momento del ofertorio se llevaron al altar algunos libros de la extensa obra de don Carlos: “¿Quién es Jesús?”, “¿Qué hiciste con tu hermano?”, “Haz tú lo mismo” y “Un tesoro en vasijas de barro”. También se presentó su báculo como símbolo del pastor, rosas que adornaban su jardín, además del pan y el vino.
Tras la Eucaristía se bajó a la cripta donde descansan los restos de don Carlos para hacer oración y depositar flores.