Agentes pastorales y fieles se dieron cita en la tarde del 11 de noviembre, para rodear el recinto penitenciario de Talca y hacer un gesto solidario con personas privadas de libertad.
Las actividades comenzaron con una muestra en la Alameda de Talca, en la que se exhibía la artesanía y trabajo confeccionados por los internos. Asimismo, los jóvenes de la Pastoral Carcelaria por medio de fotos mostraban su servicio con los reclusos.
A las 17:00 horas se dio inicio al acto central en la Alameda con 3 Poniente. La idea era dar la bienvenida a quienes llegaban a participar de este “Abrazo y canto de esperanza”. En la oportunidad, el Vicario de Pastoral Social, padre Luis Alarcón Escárate, manifestó que había muchos prejuicios sobre el tema de las personas que están en la cárcel, pues uno se siente dañado o vulnerado.
“Pero que importante es que hoy podamos sentir a cada uno de ellos que tienen posibilidades en nuestra sociedad; que si los acogemos con cariño su vida puede ser mejor, pueden integrarse para poder desarrollarse. Darles unas palabras de esperanza, una palabra a todos quienes estamos aquí afuera para mirar como a un hermano a cada uno de estos hombres que viven entre rejas, por razones de fragilidad humana y falta de oportunidades”, expresó el padre Alarcón.
Luego hubo canciones y un testimonio de un interno. Se dio paso a rodear la cárcel de hombres por las calles 3 Poniente y 3 Norte, acción que fue animada con canciones y reflexiones. Cabe señalar que la actividad era transmitida por Radio Chilena, como puente para que los internos pudieran estar al tanto de lo que ocurría al exterior del recinto.
Uno de los momentos más emotivos fue cuando se escuchó un audio con una canción interpretada por los reclusos, la que fue seguida y cantada por todos los presentes en la vía pública. Después se rezó el Padre Nuestro y todos los asistentes extendieron al frente su mano derecha y con la izquierda tocaban el hombro de quien estaba al lado.
La actividad concluyó con abrazos entre todos los participantes y con la satisfacción de haberse dado el tiempo para acompañar a los amigos reclusos.