La comunidad de Iloca despidió a las hermanas Jimena Fuentes y Ana Carvajal, de la congregación Esclavas del Sagrado Corazón de Jesús, durante la tarde del 30 de noviembre.
Cerca de un centenar de personas de la costera localidad de Iloca, perteneciente a la parroquia de Licantén, se dieron cita en la Misa con que esta comunidad quiso retribuir a estas religiosas su servicio durante los últimos 8 años. Hay que recordar que esta congregación llegó a la Diócesis de Talca en 1993, estando por varios años a cargo de la casa de ejercicios de Talca e insertas en la parroquia Los Doce Apóstoles.
La Eucaristía de despedida fue presidida por el padre Ricardo Varas Jara, párroco de Licantén, y concelebrada por el padre Cristian Avendaño Becerra, Vicario Pastoral, junto al diácono Pedro Julián Jofré.
En el momento de la homilía se ofreció la palabra a las religiosas. La hermana Ana Carvajal dijo sentirse agradecida de esta experiencia en la que estuvo dos años: “Solo por el hecho de venir aquí y decir que soy Esclava del Sagrado Corazón se me abrían las puertas de todas las casas. Agradezco la cercanía, la acogida y el cariño; agradezco al Señor de la vida que permite que nosotras podamos estar en distintos lugares haciendo experiencias de Dios. Gracias por ustedes, por las casas abiertas, por la amistad que se va a perpetuar”.
Iloca en el corazón
De igual forma, la hermana Jimena Fuentes confidenció que cuando se discernió cerrar la comunidad de Iloca parecía como algo impensable, pero así son los caminos de Dios.
“Yo me uno a los sueños de Dios, ir a misión donde él diga. Ha sido un tiempo muy bonito, yo salía de la casa y decía: voy y vuelvo. Pero ese voy y vuelvo se hacía eterno porque me paraban en cada esquina o casa para conversar y escuchar. El Señor es grande y se regala entero. Él ha sido grande con nosotras al poder estar aquí, son ocho años con ustedes en Iloca, y antes de nosotras tantas hermanas que estuvieron en la Diócesis de Talca, sin duda él va preparando el camino. Yo aquí he sido muy feliz y sé que el Señor me quiere feliz donde vaya”, agregó la hermana Jimena.
A nombre de la comunidad de la Zona Costa, el diácono Pedro Julián Jofré expresó que el paso de las religiosas ha dejado huellas imborrables, “llegaron a nuestra Zona en un tiempo de desolación y desastre por la furia desatada con el tsunami. Con gran dedicación se pusieron de las personas en forma silenciosa, trayendo consuelo, alegría esperanza y amor. Para mí fue la manifestación del Señor. Realmente hemos sido bendecidos por el Señor al enviarlas a nuestro litoral”.
El Vicario Pastoral, padre Cristian Avendaño, hizo un llamado a la comunidad de Iloca a seguir en esperanza su caminar: “Seguramente lo dejado por las hermanas ha tenido fruto en muchas personas. Todas las palabras, toda la formación entregada por las hermanas es ahora cuando deben ser seguidas; el propósito de un consagrado siempre es acercar las personas al Señor y es eso lo que hoy deben experimentar. Cuando se va una persona querida hay pena, pero en la Iglesia vivimos la pena con la esperanza”.
La comunidad local hizo entrega de una serie de obsequios y recuerdos a ambas religiosas, y también a otras que estaban en la celebración. Artesanía local, tejidos, cerámica, conservas y mermeladas típicas de la zona.
Esta celebración finalizó con un rico compartir en el nuevo salón de la iglesia de Iloca.
Al momento del adiós la Iglesia de Talca agradece a tantas religiosas Esclavas del Sagrado Corazón de Jesús que pasaron por nuestra tierra haciendo el bien en estos últimos 25 años.