El viernes 07 de diciembre se realizó la procesión al cerro La Virgen de Talca, una celebración que muestra el fervor por nuestra madre de una manera tan única y memorable.
Cientos de personas de distintas partes de la diócesis asisten cada año a esta hermosa celebración de la Inmaculada Concepción, para este año la cita se dio desde las 19:00 horas en Alameda, frente al recinto de eventos ex Fital y Carabineros optó por cortar el tráfico vehicular para que los peregrinos pudiesen transitar sin ningún problema.
Con palabras del Administrador Apostólico de la Diócesis de Talca, monseñor Galo Fernández, se inició la procesión, donde deseó que “el amor de María, madre, nos abrace y nos ayude a seguir el camino de Jesús. Y la pureza de la Virgen se transforme también en nuestra purificación”.
Así comenzaría este peregrinar en el que se podía apreciar a personas cumpliendo mandas, algunos descalzos, otros rezando el rosario, otros cantando y dedicando “Viva la Virgen María” a la madre del Señor. La solidaridad a los peregrinos tampoco podía faltar, ya que algunas personas del sector entregaban agua, frutas, helados o algún alimento para que el caminar se hiciera más llevadero.
A medida que se iba avanzando se podía apreciar la ciudad de Talca de fondo y un atardecer hermoso como regalo para este día, donde la fe y el amor a nuestra Virgen María movió los pies de sus hijos para encontrarse con ella en la cumbre del cerro que abraza la capital maulina.
La Purísima nos regala a Jesús
Una vez en el santuario del cerro, los peregrinos se acomodaron para celebrar la Eucaristía, presidida por monseñor Fernández. En su homilía, el administrador apostólico inició recordando que, aunque nuestra vida esté marcada por el pecado, en María se inicia una historia nueva: “La historia de la acción salvadora de Dios. Dios la eligió, la predestinó, la concibió sin la herida del pecado para que fuera la digna madre de nuestro salvador. Es el paño limpio que puede limpiar nuestras impurezas y nos acercamos a ella para que su amor benevolente limpie también nuestro corazón, nos purifique. La Purísima nos viene a purificar, la Purísima nos regala a su hijo Jesús, quien cargó con el peso de nuestros pecados”.
De igual forma, animó a los presentes y a la Iglesia en general con la palabra de Dios, refiriéndose a lo que ha pasado este último año. “Esas palabras también nos vienen a nosotros, a la Iglesia, la comunidad de los discípulos de Cristo, los hijos de María Santísima. También nos vienen a decir, alégrate, no te dejes entristecer por las heridas presentes en tu historia, alégrate porque Dios está presente en tu historia”.
“Llena de gracia le dicen a María, algo que nos supera a nosotros porque ella es puro espacio para el amor, nosotros en cambio estamos heridos por nuestros egoísmos, por nuestros rencores, pero su amor va abriendo espacio en nuestro corazón; llena de gracia, esas palabras la Iglesia las ha interpretado como signo claro de que en María no había sino espacio para Dios. Nosotros tenemos que trabajar ese espacio y trabajarlo con este esfuerzo que hacemos hoy, caminando, peregrinando y preparando nuestro corazón en cada acto”, agregó monseñor Fernández.
La celebración eucarística continuó y una vez que finalizó, los fieles se acercaron a la imagen de la Virgen para tocarla y hablar con ella desde sus pensamientos. Otros encendían velas, mientras la multitud se iba disipando y preparando para su recorrido de vuelta a casa.
Cabe destacar, que en Curicó la procesión al cerro Condell, se realizó el sábado 08 de noviembre desde las 18:30 horas, una celebración que también estuvo enmarcada en la alegría y la fe.