Principalmente niñas y jóvenes estudiantes del Colegio Santa Juana de Arco de San Felipe, por medio de visitas a casas, talleres y oración, comparten del 06 al 13 de enero con los habitantes del sector de Mercedes.
Este es el tercer año que el centro educacional perteneciente a la congregación de las Religiosas Mercedarias misiona en este lugar rural de la Región del Maule. Y todo nació en el contexto de los 800 años de la orden de la Merced, y puesto que la parroquia de Cumpeo está bajo la protección de esta advocación mariana. Todo calzó para llevar a cabo esta enriquecedora vivencia.
“Sentimos un llamado de venir aquí pues está nuestra madre. Además, en esa época celebrábamos el año de la misericordia, algo que está dentro de nuestra espiritualidad como mercedarios”, reconoce la hermana Marisol Cruces.
En tanto, Luis Lobos, apoderado que acompaña al grupo, destaca que lo que se vive en siete días es fruto de la vivido todo el año: “Le damos importancia a los jóvenes del colegio que son todas mujeres, pero este año se ha invitado a algunos hombres. Somos en total 51 personas que andamos en misión”.
Ahondando en lo que es la preparación a esta semana misionera, Mayra Moraga, quien encabeza el equipo de monitoras, destaca que en esta ocasión se buscó crear un vínculo con las alumnas, “saber más de ellas, que se sintieran en confianza, que pudieran conversar. Y después de todo eso llevarlo a Cristo. En diciembre tuvimos una semana de formación que es la preparación a full para esta misión”.
El esfuerzo por llegar a este rincón del Maule es posible gracias a la oración y las donaciones de los padres, apoderados y el colegio. La hermana Marisol destacó la colaboración del alcalde de Panquehue quien les ha facilitado los dos últimos años el bus de la municipalidad, “nosotros solo pagamos el combustible y los peajes”.
María Angélica Cifuentes, esposa de Luis Lobos, recalca los valores que transmiten a las jóvenes para que vivan de buena manera esta experiencia: “Pensamos si nosotros como adultos nos ponemos al servicio de estos valores, los jóvenes siguen el ejemplo. Y los motivamos desde el servir, la comunión. Les recalcamos que no importa la edad, se puede servir a Cristo donde sea”.
Por último, Mayra recuerda que el primer año fue difícil establecer el vínculo con las personas de Mercedes, “pero mostrándoles este Cristo joven que está dispuesto a dejar los pies caminando, con una sonrisa, un canto o un grito, ellos abren sus puertas. Ellos vieron este trabajo y se motivaron. Creo que están muy contentos con nuestra presencia”.