1. En esta Pascua vuelve a resonar en el corazón de la Iglesia el gozo inmenso por el anuncio de aquella noticia nunca oída: ¡El Señor ha Resucitado! Esta noticia cambia la vida dándole una serena esperanza para enfrentar cualquier cosa sin miedo.
2. La Resurrección del Señor, que es el primer fruto del misterio de la salvación de Dios, es también “un hecho histórico, real, testimoniado y documentado” (Benedicto XVI).
3. Después del llanto, la impotencia y la humillación del Viernes Santo se levanta victorioso el amor humilde, el amor infinito de Dios que ha venido al mundo en Cristo Jesús.
4. En este encuentro personal con el Resucitado está toda la firmeza de nuestra fe y su contenido central. De este encuentro brota como un manantial nuestra esperanza y la inquietud misionera de nuestra caridad.
5. Seremos testigos de Jesús resucitado si irradiamos la alegría de conocerlo: si en nuestra forma de hablar y de tratar a los demás se siente clara su presencia. Con nuestra vida debemos decir las palabras de María Magdalena: “He visto al Señor" (Jn 20,18).
6. ¡Cristo ha resucitado, Cristo ha vencido! ¡Detengan su violencia todos los agresores porque están en el lado equivocado de la batalla! ¡Cambien pronto su vida los que matan, trafican y oprimen porque la victoria es del amor y la justicia!
7. ¡Alégrense todos los sufrientes de la tierra!; sequen sus lágrimas los que lloran cualquier pérdida. En el silencio de la oración pueden ya sentir muy cerca el aliento, la palabra, la mano amiga del mismo Jesús que está vivo.
8. Alégrense los que gastan sus vidas cerca de los que sufren, los que aman, los que perdonan, los que visitan al anciano solo, los que trabajan por la paz y la justicia. Alégrense los que confían en la gracia y la fuerza de Dios y cultivan su amistad; nunca serán defraudados.
9. Cristo Resucitado está con nosotros animándonos a trabajar, a luchar y a sufrir todo lo que sea necesario con tal de que la vida en todas sus expresiones sea defendida y dignificada.
10. Oremos y trabajemos para que en estos días puedan sentir cerca el amor de Dios nuestros compatriotas que han perdido todo en los incendios, en las inundaciones y en la sequía.
11. Oremos y trabajemos por todo aquello que ayude a hacer nuestra patria más fraterna y menos desigual.
12. Hagamos todo lo necesario para que se disipe esa nube negra y tóxica que se avecina en el cielo de Chile: el aborto amenaza quebrar el cimiento de la patria que es el respeto de la vida de todo ser humano.
13. Si en Chile ya no fuera delito arrebatarle la vida a un niño inocente e indefenso, entonces todos los otros delitos que persigue la ley deberían quedar sin castigo. ¿Cuál fue el crimen de esos miles de niños que ya fueron condenados a la muerte y ejecutados? El único “delito imputable” de esos niños fue llegar en un momento inoportuno, estar enfermo o no ser querido por sus padres.
14. Acompañemos a Cristo donde quiera que esté siendo herido, humillado y muerto. Así haremos nuestros todos los dolores de Cristo y brillará el sol de su vida nueva que es la alegría del mundo.
Junto a la Madre del Señor, la que nunca lo abandonó, les deseo una Feliz Pascua de Resurrección.
HORACIO VALENZUELA ABARCA
Obispo de Talca