Se me pidió un pequeño artículo sobre “la oración como forma de contención en estos tiempos de pandemia”. En el fondo -intuyo- expresar mi experiencia pastoral…
Hna. Esperanza Fernández Fontaiña
Religiosa Franciscanas Misioneras de la Madre del Divino Pastor
Observando y acompañando a nuestra gente: gente sencilla, gente trabajadora, gente sensible, gente sufrida, buscadora…Con la pandemia que nos acompaña, pueden escucharse con más fuerza y matices distintos, sus angustias, temores, soledades, ansiedades, preocupaciones, penas, falta de lo necesario, muerte rápida de seres queridos…
Pero en general, junto a todos estos dolores, puede descubrirse que también es tiempo de GRACIA, tiempo de Dios, tiempo de Oración… como no había visto antes en hechos y tiempos concretos de oración, de búsqueda, de darse cuenta de la frecuente participación en Misa virtual y quedarse con la necesidad de comulgar expresada en muchos hermanos y hermanas. De pedir una palabra que eleve el alma y el corazón en medio de tanto dolor, por seres queridos que se han ido a la eternidad y no se los pudo acompañar más que con la oración…, de familiares afectados y con alto riesgo. De si yo también puedo contraer el coronavirus… “Encima me quedé sin trabajo y vivo de la caridad yo y mis hijos…”
Hermanos, hermanas, en medio de todo esto y ya que hemos dado grandes pasos, podemos contemplar a Jesús que era hombre de oración, de apartarse a solas con el Padre Dios y que nos muestra con dos oraciones en el Evangelio, que nosotros podemos aprender y rezar. Aprender y rezar no sólo de memoria sino con el corazón…
Mateo 6,7-15, el Padrenuestro y Mateo 11,25-30, oración mesiánica.
Del Padrenuestro, que este tiempo rezamos varias veces al día, Jesús nos dice:
-Orar, que no es hablar mucho y que Él nos habla siempre. Que sepamos escucharlo y escucharnos entre nosotros…
-Dios que es Padre, a quien le pedimos que venga su Reino, que se haga su voluntad, que no nos deje caer, que sepamos perdonar como Él nos perdona…
Del otro texto, en medio de tantas cargas que llevamos en nuestras vidas, Jesús nos ofrece cargarlas con nosotros, así nos sentiremos más livianos, más libres…Con esta cercanía, ¿cómo no agradecer su presencia y pedir su fortaleza? Eso nos dará la capacidad de conmovernos como Jesús, acoger su invitación: “Vengan a Mí todos los que están afligidos y agobiados y Yo los aliviaré” y creerle que nos dará el poder de aliviar, consolar, acompañar a los que llevan las mismas cargas que nosotros o aún mayores que las nuestras.
La invitación del Señor siempre y sobre todo, en este tiempo de prueba es a cuidarnos, cuidar y rezar confiadamente y con paz, con alma, vida y corazón al Dios de la Vida hasta “cansarlo” y tener la certeza del Salmo 34 (33) “Si el afligido invoca al Señor, Él lo escucha y lo salva de sus angustias”…
Publicado en la edición Nº 477 revista Comunicando, julio 2020