En el principal templo de la Diócesis, durante la mañana del domingo 07 de junio, se celebró la solemnidad de Corpus Christi, el Cuerpo y la Sangre de Cristo.
La Misa fue encabezada por el obispo de Talca, mons. Horacio Valenzuela Abarca, quien afirmó "que le debemos pedir al Señor que nos dé la fuerza para darle culto en primer lugar en nuestro corazón, ese es el lugar donde Dios se siente más cómodo porque nuestra alma fue creada pensando en que Dios la habitara. Ese es el cambio tan lindo que se realizó cuando Jesús celebró la fiesta de la Pascua con sus apóstoles, como nos ha recordado San Marcos”.
“Cuando Jesús entra en nosotros ocurren cosas fundamentales. La Eucaristía sacia nuestra hambre, fortalece el alma; cuando Jesús entra en el corazón, alimenta el alma colocando algo de cielo dentro de nosotros (…) sin el alimento de Cristo es muy difícil que en la vida hagamos cosas grandes, a las cuales Jesús nos llama a todos nosotros. La Eucaristía también nos da salud, por eso la primera parte de Misa es tan importante pues el Señor nos perdona, nos limpia el corazón para que no nos enfermemos de avaricia, discordia, consumismo, entre otras cosas”.
“Damos gracias al Señor porque ha querido quedarse con nosotros, el Hijo de Dios vivo está en medio nuestro, camina y vive con nosotros. La Eucaristía es el sacramento principal de la Iglesia, de ella brota todo”, enfatizó mons. Valenzuela.
Posteriormente, se llevó a cabo la tradicional procesión con el Santísimo Sacramento por las diferentes naves de la catedral. En el recorrido, jóvenes representaron distintas situaciones de pecado personal y social, y cómo la Eucaristía era luz de esperanza para iluminar estos aspectos negativos.
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