Demo

  • Inicio
  • DIÓCESIS
    • Reseña histórica
    • Obispo
    • Gobierno Diocesano
    • Sacerdotes y Diáconos
    • Comunidades Religiosas
    • Fundaciones
    • Casas de Ejercicios
    • Colegios
    • Hogares
  • Vicarías y Departamentos
    • Vicarías
    • Archivo Parroquial
    • Comunicación Social
    • Formación
    • Catequesis
    • Liturgia
    • Depto. Jurídico
    • Administración
    • Espiritualidad
    • 1 %
    • Santuarios y Piedad Popular
    • Gestión Educacional
    • Centro Pastoral Curicó
    • Pastoral Vocacional
    • Pastoral de Animación Bíblica
  • Parroquias
  • Agenda del Pastor
  • Noticias
Demo
  • Inicio
  • Noticias
  • El Vía Crucis de los migrantes
29 Mar2021

El Vía Crucis de los migrantes

Muy pocos han quedado indiferentes ante la actual situación que atraviesan numerosos migrantes que llegan a Chile. Restricciones cada vez más severas han puesto cuesta arriba su permanencia en el país, quedando como un lindo recuerdo aquella canción que dice “y verás cómo quieren en Chile al amigo cuando es forastero”.

Los relatos del Evangelio nos muestran que Jesús tuvo que huir junto a María y José a Egipto porque su vida corría peligro, cuando Herodes mandó a matar a los niños al ver amenazado su poder ante el anuncio del Mesías. El Hijo de Dios vivió en carne propia con sus padres lo que implica dejar su tierra por motivos ajenos a su voluntad.

En la actualidad son cientos los casos de extranjeros que intentan llegar a Chile por diferentes medios -pasos habilitados y no habilitados-, poniendo en este último caso en grave riesgo sus vidas. Hemos conocidos a través de la prensa que este año cinco personas han muerto en el desierto tratando de ingresar al país. Una grave crisis humanitaria se ha generado, algo que se ha potenciado lamentablemente con la actual pandemia. También hemos sido testigos del trato muchas veces humillante a estas personas, con expulsiones del país y gran parafernalia mediática.

Pag 5Uno nunca quiere dejar su tierra
Conversamos con Ana Quintero Benítez, una venezolana que vive actualmente en Curicó junto a su esposo Edwin, sus dos hijas Silvana y Samantha y su mamá Silvia. La crisis existente en su país hizo que en primer lugar saliera su esposo con rumbo a Perú, pues prácticamente no tenían para comer.

“Mi esposo es albañil y empezó a trabajar en Lima, tras unos cinco meses su jefe le adelantó la paga de un trabajo gracias a lo que, con mi mamá, mis hijas y un cuñado de él salimos vía terrestre a Perú, esto fue el 21 de junio del 2018. Una de mis hijas se enfermó mucho durante el viaje, pero se recuperó en el momento que vio a su papá. Fue un recorrido de cinco días de un bus a otro por Colombia, Ecuador y Perú”.

“Al principio vivíamos todos en un solo cuarto, había únicamente un colchón pequeño en el que dormían mis niñas y mi mamá. A las dos semanas se pudo comprar una cocinilla y más colchones, y al mes nos mudamos a una casa. Mi esposo trabajaba, pero yo no pude conseguir empleo, había mucha xenofobia, sabían que era venezolana y me decían no. Me las arreglé vendiendo café en la calle”, recuerda Ana.

Con el pasar de los meses se pusieron en contacto con unos compadres que vivían en Curicó y decidieron venirse a Chile: “En esa época ya había rumores que empezarían controles más fuertes para entrar. Ingresamos por Chacalluta y nos establecimos en Curicó el 30 septiembre de 2018”.

Poco a poco rearmándose
Por grupos de Whatsapp conocieron a venezolanos lo que le permitió a su esposo empezar a trabajar de inmediato, “empezamos a vivir con la familia de mis compadres, pero tuvimos que independizarnos rápido. Al mes y medio encontramos una casa y la dueña nos facilitó para que le pagáramos por partes. Cuando nos mudamos no teníamos nada, empezamos a cocinar con leña. Me regalaron una nevera pequeña, una cocina y así fui teniendo mis cosas. Después mi esposo estuvo sin trabajo un mes, eso fue difícil, pero ahí conocí a personas de la iglesia, me ayudaron mucho con mercadería, inscribir a mis hijas al colegio”.

Al pasar los meses, Ana cuenta que llegó de Venezuela su suegro, una cuñada con su esposo, “al principio de la pandemia fue muy difícil la situación, por ejemplo, pagar los arriendos y los servicios, de hecho, aún estamos pagándolos ya que hubo que hacer un convenio porque durante tres meses no se pudo trabajar. A pesar de la desconfianza de algunas personas también se encuentra gente buena que entiende lo que estamos viviendo como migrantes”.

“Ser migrante es algo extraño, nosotros no salimos de nuestro país a turistear, salimos en busca de mejorías. Entonces que nos vean como que venimos a hacer daño, a quitarles el trabajo o beneficios a los chilenos es complicado. Un extranjero en su gran mayoría viene a aportar. La delincuencia no tiene nacionalidad. Me duele cuando la gente no entiende que venimos a buscar una mejoría”, enfatiza Ana Quintero.

Pag 5-1La familia y el Vía Crucis
En febrero de 2018 Gregory Hernández, profesor de música jubilado, decide emigrar de Venezuela solo, dejando a su familia completa en su ciudad natal, Barinas. Como muchos de sus compatriotas toma esta decisión por la situación económica que se vive en el país caribeño, comenta que llega hasta Chile por tierra, cruzando países como Colombia, Ecuador y Perú, pero sin tener ningún inconveniente en el camino e ingresando de forma legal.

“Yo me vine en nombre de Dios, encomendado a la Virgen, pidiendo que no me pasara nada, yo me asustaba, pero no por mí si no por mi familia, porque ellos dependían de mí y sería una irresponsabilidad si me pasaba algo, ellos contaban conmigo”, aseveró Gregory recordando este momento.

Llega a Talca gracias a la ayuda de un amigo, y comienza a cantar en restaurantes de la ciudad ayudándose todo un año con las propinas que lograba sacar, y así mismo ayudaba a su familia en Venezuela. Actualmente, se desempeña como profesor de música en un prestigioso colegio de la región, recordando que no ha sido un camino fácil, pero siempre teniendo presente a Dios y la Virgen, por su familia.

Ya para enero de 2019, su esposa Rosa junto a su hijo menor Daniel también deciden salir del país por tierra en un viaje que duraría 11 días, pero al igual que su esposo no tienen problemas en ingresar a Chile.

Rosa recuerda la alegría de volver a encontrarse con Gregory y el apoyo recibido en ese tiempo: “Cuando llegamos acá gracias a Dios mi esposo ya había arrendado la casa donde estamos viviendo y tenía algunas cositas. Recibimos mucha ayuda de la Iglesia también, fue un apoyo grande para nosotros como pareja y como familia, y bueno poco a poco trabajando y comprando nuestras cosas con esfuerzo”.

Así mismo el más joven de la familia explicó “como ingresé al país siendo menor de edad me facilitó lo del trámite de la visa, en abril de ese año ya tenía mi rut y bueno pude buscar trabajo de lo que sea. Nosotros nos trajimos nuestros instrumentos y acompañaba a mi papá a tocar en los restaurantes y actualmente estoy estudiando en el CFT San Agustín con una beca de migrantes que ellos entregan”.

Un camino largo
Solo faltaba Maciel para reunir a toda la familia, ella se había quedado en Venezuela terminando su carrera de medicina, mientras veía como su familia emigraba de a poco. En ese tiempo se enamora de Carlos y juntos resuelven emprender un camino largo para reencontrarse con su mamá, papá y hermano. Pero, las mascotas también forman parte de la familia y por eso deciden sumar al viaje por tierra a su perrito Rufus, que tiene más de 8 años con ellos; con todas sus vacunas y permisos internacionales, se convierte en otro migrante más.

Maciel comienza relatando su historia como un proceso apresurado y casi trágico, ya que tenían pensado viajar en abril de este año, pero por el cierre de fronteras y otros factores tuvieron que adelantar su viaje a enero, sin imaginar todos los retos a los que se iban a enfrentar.

“Pasamos por todas las fronteras de Colombia, Ecuador, Perú, Bolivia hasta llegar a Chile, y era como pasar niveles de videojuegos, cada nivel era más difícil, cada frontera era más difícil. La parte más bonita fue pasar el lago Titicaca en Bolivia, por el paisaje hermoso y luego la más difícil fue al llegar a Chile y atravesar el desierto, tuvimos que caminar mucho, de Huara a Pozo Almonte hay un desierto de unos 32 km y ya cuando íbamos como a la mitad nos estábamos quedando sin batería y sin agua, el perro también estaba cansado y lloraba, yo me lastimé una rodilla y no podía caminar bien, pero por cosas de Dios un camionero nos vio, se paró y nos ofreció llevarnos a Pozo Almonte”.

También menciona que al llegar a Colchane y ver a tantos migrantes ilegales la situación era muy tensa, por algunos accidentes que habían ocurrido en la zona. Los carabineros habían prohibido a los nacionales el transporte de migrantes por la vía, incluso ellos mismos negaban esta ayuda.

“Cuando íbamos por el desierto caminando unos carabineros nos vieron, se pararon y uno de ellos se bajó solo a decirnos que no nos podían llevar y se volvió a subir en el auto y se fue. En las noches en Colchane hacía mucho frío y veías a mucha gente caminando, que como uno solo querían un mejor porvenir”.

Su novio Carlos cuenta que el viaje duró 20 días, y a pesar de casi perderlo todo en el camino, él quiso emprender ese largo viaje junto a su pareja para tener un mejor futuro juntos: “En Venezuela tú tienes para comer hoy, quizás mañana, pero no sabes si la próxima semana o el mes siguiente, puedes tener hasta dos trabajos y aun así no tener una buena calidad de vida, y uno quiere un mejor futuro. Además, fue una aventura enriquecedora, nos formó y reveló nuestro carácter, fue un viaje donde nos demostramos a nosotros mismos lo que somos capaces y que no, y bueno aquí estamos con ganas de aportar a este país”.

Ellos para poder llegar y reencontrarse como familia, tuvieron que vivir esta travesía, correr riesgos, caminar mucho, vivir con incertidumbre y con impotencia, y es allí donde nos preguntamos ¿debería ser tan complejo?, ¿deberían las familias pasar por eso?

La migración no son solo número y estadísticas, la migración son rostros, historias, sueños, necesidades, padres y madres orando por el bienestar de sus hijos, en un camino que como sociedad hacemos cada vez más difícil.

(Nota publicada en la edición Marzo-Abril de la revista Comunicando)

Diseño, Edición y Producción: Departamento de Comunicación Social.
Todos los Derechos Reservados ©Diócesis de Talca-Chile

Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

  • Inicio
  • DIÓCESIS
    • Reseña histórica
    • Obispo
    • Gobierno Diocesano
    • Sacerdotes y Diáconos
    • Comunidades Religiosas
    • Fundaciones
    • Casas de Ejercicios
    • Colegios
    • Hogares
  • Vicarías y Departamentos
    • Vicarías
    • Archivo Parroquial
    • Comunicación Social
    • Formación
    • Catequesis
    • Liturgia
    • Depto. Jurídico
    • Administración
    • Espiritualidad
    • 1 %
    • Santuarios y Piedad Popular
    • Gestión Educacional
    • Centro Pastoral Curicó
    • Pastoral Vocacional
    • Pastoral de Animación Bíblica
  • Parroquias
  • Agenda del Pastor
  • Noticias