Parroquias, comunidades y distintos estamentos de nuestra diócesis ya están tendiendo la mano a las personas que más sufren las problemáticas de este tiempo invernal y de la pandemia.
No será un invierno fácil. Según los entendidos atravesamos uno de los inviernos más crudos de las últimas décadas, con temperaturas que podrían llegar a los 5 o 6 grados bajo cero, incluso hasta el mes de septiembre. Esto adquiere una connotación más alarmante cuando pensamos en personas en situación de calle, adultos mayores que cuentan con lo mínimo para abrigarse o calefaccionar su casa.
A lo anterior se suma las consecuencias que se arrastran con la crisis sanitaria por el Covid 19: pérdida de fuentes laborales, lo que ha llevado a muchas personas a buscar distintas alternativas para salir del paso.
Bajo este panorama la Iglesia no ha quedado indiferente pues desde el invierno 2020 se planteó una acción solidaria y que ahora se ha retomado con la premisa “Sigamos Contagiando Solidaridad” (ver pág. 7). En este sentido cada parroquia también complementa esta iniciativa con actividades propias.
Una mano amiga en el mundo rural
Cabe destacar que desde mayo del año pasado la parroquia de Villa Prat implementó con el apoyo de los municipios respectivos dos almuerzos fraternos, uno en el pueblo de Villa Prat y otro en la comunidad de Huaquén.
Ivonne Benavides, quien coordina la labor en este último comedor, afirma que durante un tiempo comenzaron de forma autónoma, pero con el pasar del tiempo empezó la ayuda de la Municipalidad de Curepto: “Hemos seguido en este esfuerzo conjunto de la parroquia y el municipio. Ellos se colocan con la movilización, las manipuladoras de alimentos, algo de alimentos también, y nosotros como comunidad apoyamos en lo que podemos con la cocina y el salón disponibles”.
“La comunidad nos colabora en general con la verdura: lechuga, coliflor, brócoli, repollo, zanahoria, que son cosas que se producen en el sector de Hauquén (…) somos cinco personas las que trabajamos en este comedor: dos manipuladoras, tres repartidores, además de un chofer”.
El comedor funciona de lunes a sábado entregando actualmente 21 raciones, “siendo destinados a adultos mayores en su mayoría, que viven solos y que no tienen redes de apoyo; también discapacitados. Todos los días se sale a repartir este almuerzo entre las 12:00 y las 13:00 horas. Cada día se llega a las 08:30 a preparar la comida”.
“Desde chiquitita siempre trabajé en la capilla, con el padre Correa, después con don Agustín Vial y ahora con el padre Sergio Díaz, y puedo decir que esto por lejos es lo que más me llena ya que la Iglesia sale. Alguien me dijo ‘que pena que hoy la iglesia esté vacía’, y le dije: es ahora cuando la iglesia está más viva. Es verdad que no tenemos misa, pero estamos pendiente de que nadie pase hambre. Aunque me hace falta la misa dominical, estar colaborando de esta forma me hace mucho más sentido, tienen que ir las dos cosas de la mano”, recalca Ivonne Benavides.
Y más allá de los platos de comida esto se ha convertido en una obra social integral porque están preocupados de que estos adultos mayores paguen sus cuentas, vayan al médico, consigan sus remedios. Y añade Ivonne: “Por celular nos avisan si requieren algo y nosotros les preguntamos qué necesitan. Esto era algo impensado antes de la pandemia”.
Molina abrió por segundo año el comedor solidario
Siguiendo en esta ruta fraterna, el comedor solidario de la parroquia Nuestra Señora del Tránsito de Molina retomó sus funciones a inicios del mes de junio. El primer día entregó 80 almuerzos, cifra que se duplicó al día siguiente. A fines de junio estaban llegando prácticamente a 500 almuerzos.
Las personas que se benefician deben estar previamente inscritas. Ocho personas conforman el equipo que se encarga de distribuir el almuerzo, además de manipuladoras de alimentos facilitadas por el municipio local.
Uno de los puntos llamativos en Molina es que se aúnan esfuerzos y se está colaborando con el almuerzo en sectores poblaciones como El Trigal, Luisa Moreira o La Marsellesa. Conversamos con la presidenta del sector vecinal El Trigal, Mirna Fernández, quien explicó que gracias a gestiones del párroco, padre Mauricio Jacques Sánchez, comenzaron a distribuir estos almuerzos los que han sido muy bien recibidos por los vecinos.
“Estamos muy agradecidos de la parroquia, entregamos cerca de 90 a 100 almuerzos diarios comenzando a mediados de junio. Las personas nos dan las gracias, están súper contentas. Teníamos vecinos que iban a la parroquia, pero ahora vienen acá a buscar esta ayuda. Para mí esto es sinónimo de alegría porque tenemos mucha necesidad en el sector, dándole prioridad a los adultos mayores”, sostiene Mirna.
Otro aspecto que llama la atención en el servicio del comedor parroquial de Molina son los voluntarios que en sus vehículos salen a dejar el almuerzo a las personas que no pueden ir hasta el templo. Así cubren las necesidades de quienes tienen mayores problemas de desplazamiento.
En este sentido la voluntaria María Núñez expresa que siempre está dispuesta a ayudar en lo que pueda, “conversé con el párroco y me dijo que colaborara repartiendo la comida a la gente. La experiencia ha sido muy buena, las personas conversan con uno explicándonos su situación, para mí ha sido algo muy satisfactorio”.
20 años de solidaridad
Durante el mes de junio el comedor solidario de la parroquia Santa Teresita del Niño Jesús de Talca celebró 20 de años. Han sido dos décadas de un profundo servicio a los más postergados, haciendo suya la parábola del Buen Samaritano, auxiliando al que está herido y con problemas a la orilla del camino.
María Raquel Pérez, una de las colaboradoras del comedor, indicó que esto comenzó pensando en las personas que vivían solas, adultos mayores o personas de la calle: “Se les tenía en una mesa bien dispuesta su comida, con el cariño y el respeto que se merecen, y así estuvimos por muchos años, pero la pandemia nos hizo cambiar, tuvimos que reinventarnos, entonces ya no los podíamos recibir para evitar los contagios. De comedor tuvimos que pasar a ‘olla común’, las personas traen sus ollitas y nosotros se las recibimos, se las llenamos y después salimos a entregárselas. De igual forma les ofrecemos un tecito o un café mientras esperan”.
Por otra parte, Fanny Domínguez, integrante del equipo del comedor, comenta que el número de personas que a veces van a buscar almuerzo varía un poco, porque algunos se van pero luego vuelven, así como también hay otros que buscan para ellos y para sus familias, entonces de esa forma se completan las 25 o 30 raciones.
Este equipo, que también conforman Hilda Lobos y el diácono Víctor González, agradece enormemente la ayuda de la comunidad que siempre les llevan colaboraciones ya sea en alimentos o en dinero: “Dios provee, algunas personas donan alimentos, otras dinero, tenemos una persona que nos ayuda con los postres, también una familia de la comunidad desde hace 20 años nos regalan el pan. Gracias a Dios nunca nos ha faltado nada”.
Así como estas experiencias no nos cabe duda que hay otras similares que se repiten en diversos puntos de la diócesis, sobre todo en lo que significa ayuda a través de canastas de alimentos. Por eso es importante apoyar la campaña diocesana “Sigamos Contagiando Solidaridad”. Asimismo, colaborar de forma directa en su parroquia con la donación de alimentos y/o transferencias bancarias.
Recién está comenzando el invierno, hagamos de este tiempo difícil una luz de esperanza, como decía el Papa Francisco en su mensaje de la IV Jornada Mundial de los Pobres 2020: “Tender la mano es un signo: un signo que recuerda inmediatamente la proximidad, la solidaridad, el amor”.
(Nota publicada en Comunicando 487 edición de Julio 2021)