“Hace tres años cuando éramos apoderadas en 4to básico, comenzamos nuestra cruzada solidaria de tejido, acogiendo un llamado que realizó la Pastoral del Colegio Integrado (CIT) para abrigar a los abuelitos en el frío invierno.
Al principio fue una muy buena excusa para reunirnos, nos juntábamos los viernes mientras nuestros niños jugaban; no solo tejíamos, sino que fuimos estrechando vínculos y compartiendo nuestras historias, el resultado no solo fueron unas lindas mantas tejidas, sino nuestros corazones contentos por la labor realizada y el nacimiento de una muy linda amistad entre las tejedoras.
En marzo del 2020 llegó la pandemia, el encierro y las cuarentenas, lo que no logró detenernos, solo nos distanció físicamente, pero seguimos tejiendo. No fue muy grande nuestro aporte, pero lo suficiente para que nuestra cruzada solidaria o nuestra cadena de amor no se cortara.
Este año veníamos con muchas más energías, la Pastoral del CIT se sumó y se realizó una invitación a tejer en todos los cursos. Muchas manitos tejedoras escucharon y acudieron al llamado. Han sido ya varios meses de tejido y de mucha cooperación, estamos muy agradecidas y felices de todo el apoyo que recibimos. Se han unido mamás, abuelitas, hijas y amigas a tejer, donde cada cuadrito que nos llega es una muestra de amor, cariño, dedicación y entrega. Nuestros corazones están contentos y llenitos de amor, felices de ver crecer nuestra cruzada solidaria o nuestra cadena de amor.
No solo tejemos mantas para abrigar a los abuelitos, tejemos nuestra historia juntas y abrigamos nuestra gran y bella amistad”.Verónica Ramírez, Katherine Robles, Claudia Sanguesa, Carolina Valenzuela.
“Fui criada por mi madre Nira y mi abuelo Manuel, junto a mis dos hermanos. Nuestra niñez y juventud estuvo rodeada de mucho amor y generosidad, siempre vimos solo actos de bondad, crecimos bajo un alero sólido, los años pasaron y no reconocía lo valioso de mi vida hasta que formé mi propio hogar, y sin darme cuenta fui formando a mis hijas de la misma manera. Hoy a más de un año de pandemia nuestra madre adorada se volvió como nuestra hija, yo dejé de trabajar y tuve que hacerme cargo de mi casa al 100%, cosa que nunca había hecho.
Lo que nunca he dejado de hacer y no lo haré jamás son mis obras sociales, yo perdí mi independencia económica, pero gané la gran posibilidad de crecer para otros; a mi mamá siempre le gustó tejer y leer, pues su trabajo es solo eso, teje para sus nietos y amigos, lo quiso hacer con el cariño de siempre para la campaña de nuestra valiosa pastoral “Las mantitas”. Dar amor es lo más bello que se puede hacer, de mil formas. Dios solo nos enseñó eso”.María Graciela Lillo
“Fue un gran desafío ya que hacía más de 20 años que no tejía a croché, pero me motivó el destino que tendrían estas frazadas, pensaba en que los abuelitos del Buen Samaritano recibirían aparte de esta frazada todo el cariño con el cual tejí para ellos”.Cecilia Alcántar
“Tejer cuadritos a croché no sólo me permitió colaborar en esta cadena de amor solidario para fabricar mantitas, también me ayudó a sentir que mis manos podían ser muy útiles mientras logran volver a escribir y hacer todo lo que antes de mi proceso de sanación hacían. Sin planearlo recibí más de lo que di, gracias por la oportunidad de servir”.Jessica Kendall
“Mi experiencia ha sido siempre ayudar y cooperar con lo que se pueda. Comencé buscando un tutorial de cómo tejer los cuadritos, fue una alegría que compartí con mis amigas mostrarles el primer cuadrito, que orgullosa me sentí, pero mientras tejía cada cuadradito me iba entusiasmando más en quienes lo iban a usar. Yo conozco el hogar y uno sabe las necesidades que hay, y tejía con más ganas imaginándome a los abuelitos sentaditos con sus mantitas o caminando con sus mantitas en la espalda, me aumentaba el entusiasmo de tejer...es como tejer puntitos de amor, gracias”.María Cristina Rojas
Fuente: Pastoral CIT