¡Talquino de Corazón! La Diócesis San Agustín de Talca, desde antes que existiera ya tenía un protector, un gran protector que con gran visión puso énfasis en varias necesidades que requería la población creyente y no creyente, en términos sociales y especialmente espirituales.
Lo notable de esto es que el apostolado por llevar a Cristo, por llevar al amor cristiano, la fe a todos los rincones de Talca, y no sólo de Talca, sino a todos los rincones del Maule, provenía de un jovencito: JOSÉ FORTUNATO BERRÍOS ROJAS de 15 años, que habiendo nacido en Santiago llegó a vivir a esta ciudad acogido con su madre viuda (doña Mercedes) por familiares, su tío Vicente Rojas Rodríguez. hermano de su madre, con la esposa de este, su tía Mercedes Labarca y sus primos pequeños.
Es así que fue aglutinando en torno a sí a una gran cantidad de otros jóvenes, que intrigados por su forma de ser, se decidieron a espiar sus actividades caritativas (que no imaginaron nunca) de ayudar a muchos pobres y enfermos, y fueron completamente conquistados por esta hermosa acción, tanto así que siguieron sus pasos, convirtiéndose en sus aliados.
¿Puede hoy en día un joven del siglo XXI lograr tener la trascendencia que tuvo Fortunato en el siglo XIX, con mensajes y acciones concretas tan positivas? ¡Claro que sí! Con la inspiración divina. Es el caso de Carlo Acutis, que fue beatificado hace un año y está enterrado en Assís; este joven italiano fallecido con 15 años es conocido como el Apóstol de la Informática. ¡Qué fuerza misionera a través de las redes de la informática y de su modo de ser! Combinaba la actividad de cualquier muchacho de su edad, con su gran misticismo y su amor a la Sagrada Eucaristía, la que era su “autopista para ir al cielo”, y su deseo de ayudar a los más débiles.
Si observamos hoy la vida y gran carisma del joven Carlo de 15 años, podemos imaginar y visualizar la fuerza misionera del joven FORTUNATO BERRÍOS.
Tenemos ante nosotros a dos jóvenes, de dos muy distintos momentos en la vida de la humanidad, pero que tienen un mínimo común denominador: que es como cristianos difundir a todo el mundo la Buena Noticia del nacimiento de Nuestro Señor Jesucristo, que nos redime y nos salva.
Fuente: Grupo Amigos Padre Fortunato Berríos