La ordenación diaconal de estos seminaristas de nuestra diócesis se celebrará el domingo 12 de diciembre, día de Nuestra Señora de Guadalupe, a contar de las 17:00 horas en la iglesia catedral de Talca, siendo presidida por el obispo Galo Fernández Villaseca. La misa será transmitida por el canal de Youtube y el Facebook de nuestra Diócesis de Talca.
Conversamos con estos dos jóvenes que han decido consagrar su vida al pueblo de Dios. José Maldonado Espinoza (J) tiene 26 años, nació en San Antonio, pero su parroquia de origen es Sagrada Familia en Curicó Rural. Rodrigo Molina Gutiérrez (R) tiene 29 años, es talquino y participó activamente en la cdad. San Alberto Hurtado de la parroquia Inm. Concepción.
¿Cómo fue el llamado que sentiste para el camino al sacerdocio?
J: Es un proceso, se juntan varias cosas, hay experiencias externas que marcan y además un profundo deseo de consagrarme al Señor. El terremoto del 2010 y todo lo que conllevó la acción pastoral con un templo destruido, la presencia y cercana compañía del Señor y el testimonio del padre Víctor Gómez fueron de algún modo gatillando la pregunta por el camino del sacerdocio y de consagrar mi vida al Señor para el servicio en la Iglesia.
R: Fue un proceso largo, de a poco tomando conciencia del llamado del Señor. Tengo el recuerdo de ir a misa cuando era pequeño y de ver a familiares hacer oración. Siempre estuve muy ligado a la participación en la capilla cerca de mi casa, acompañado de la pregunta ¿qué era lo que quería el Señor de mí? Cuando era más joven lo pensaba, pero sin tomarle el peso a lo que significaba; luego fui descubriendo lo que significa y debo reconocer que en algunos momentos tuve miedo. Pero creo que el Señor me dio la fuerza para poder responderle y atreverme a hacer un proceso de discernimiento.
Tu formación coincidió con un momento complejo para la Iglesia, de muchos cuestionamientos. ¿Cómo fue esta etapa en el seminario?
J: Fue un tiempo duro y emocionalmente difícil. El testimonio de las víctimas toca el corazón y duele mucho ver cómo la Iglesia, que siendo un lugar de encuentro con el Señor, se convirtió en lugar de tanto daño para algunas personas. Pero junto con los cuestionamientos, ha sido un tiempo de revisión continua de volver a poner al Señor al centro de nuestra vida.
R: Fue una etapa difícil y de desconcierto, marcada por la denuncia de abusos en la Iglesia, especialmente al escuchar el testimonio de las víctimas. Lo vivimos como comunidad del seminario, la cual estaba compuesta por seminaristas de distintas diócesis, conversamos lo que pasaba en nuestras iglesias y el dolor que significaba. Soy consiente también que mucha gente sufrió y se cuestionaba su fe; sin embargo, reconozco que personas de las comunidades se acercaron a preguntar por uno y animarnos en la fe.
Con la ordenación diaconal, ¿a qué crees que te llama el Señor en este tiempo tan difícil con crisis social, crisis ambiental, pandemia, entre otras?
J: Creo que me llama a no perder la esperanza en el Señor. Ante tanta crisis y problemas los cristianos debemos, mirando al Señor, ser fuente de esperanza. Esperanza que hay otro mundo posible, esperanza que las personas pueden cambiar, esperanza que Dios sigue actuando en nuestras vidas, esperanza que Dios sigue actuando en su Iglesia y en su pueblo.
R: Creo que el Señor Jesús me llama ante todo a presentarme con sencillez frente a tantas realidades, especialmente en las situaciones de dolor y en ese contexto anunciar la Buena Noticia del Señor Jesús acompañando a tantos hermanos y hermanas.
A partir de tu vivencia personal, ¿algún consejo para jóvenes que hoy se preguntan sobre su vocación?
J: Que no tengan miedo a preguntarse qué es lo que Dios quiere para su vida, que lo puedan conversar con otra persona que les pueda ayudar en ese camino. Ayuda mucho el poder conversar con otro. Finalmente, que oigan la voz de Dios que está en su corazón y que puedan responderle con generosidad y sin miedo.
R: Le diría a un joven que tenga inquietud vocacional, que no tenga miedo a preguntarse sobre lo que Dios quiere para su vida y que confíe en que el Señor Jesús siempre responde. Porque lo peor es estar siempre con la duda y no atreverse a dar el paso.
¿Qué le pides a la comunidad diocesana a pocas semanas de la ordenación?
J: Me gustaría darle las gracias a tantas personas que rezan por las vocaciones y por los seminaristas, porque la oración es fundamental y gran parte de este camino ha sido sostenido en su oración. Les pido que puedan seguir acompañándonos con ella. Gracias también por su testimonio de fe y de entrega que nos desafía a ser los pastores que la Iglesia necesita.
R: Le pediría que ante todo recen por nosotros y por nuestra vocación, que nos acompañen en este caminar con sus palabras y gestos, que nos ayuden a que el Señor Jesús sea el centro de nuestra vida.
Entrevista publicada en la edición N° 491 de Comunicando, Noviembre 2021