Una jornada llena de fiesta y de colorido fue la que se realizó este 15 de agosto en Curicó, en el Encuentro Diocesano de la Iglesia de Talca.
Todo comenzó cerca de las nueve de la mañana en el colegio El Pilar, lugar en que fueron acogidos los peregrinos de las diferentes zonas de la Diócesis. Desde ese momento la imagen de la Virgen del Carmen Misionera acompañó la celebración, invitando a los presentes a hacer oración por la vida. Jóvenes animaron a los presentes como signo de una Iglesia misionera que no descansa, que sale al encuentro del otro.
A las 10:00 horas comenzó la procesión por calles de Curicó, hasta el estadio La Granja. En el recinto deportivo ya estaban instalados una serie stands con artículos religiosos y comida para la venta. Asimismo, diversas congregaciones religiosas dieron a conocer a los asistentes su servicio y carisma a través de la Expo Carismas. También un grupo de sacerdotes entregaba el sacramento del perdón a quienes quisieran reconciliarse con el Señor.
A medida que la gente llegaba al estadio ocupó las graderías del coliseo colmando de color el lugar, situación que le otorgó un hermoso aspecto a la celebración por medio de los cinco colores de las zonas pastorales: Talca Ciudad rojo, Talca Rural verde, Costa azul, Curicó Rural amarillo y Curicó Ciudad blanco.
Pasadas las 12:00 horas se dio inicio a la celebración eucarística, instante marcado solemnemente por la entrada de la Virgen del Carmen Misionera la que fue recibida por pañuelos blancos y un pie de cueca.
Monseñor Horacio Valenzuela, obispo de Talca, -puesto que estábamos en un estadio de fútbol- al comenzar su homilía recordó lo sucedido hace poco más de un mes cuando Chile ganó la Copa América: “Todo el país estaba pendiente lo que iba a pasar con el penal de Alexis. Y de repente todo el país reventó en un canto de alegría y bocinas por todas partes. Esa imagen es un pálido reflejo de lo que pasó con la Asunción de la Virgen, pues con la madre todos entramos al cielo y las futuras generaciones”.
“En esta Eucaristía quisiera agradecer el regalo que nos ha dado el Señor en las religiosas, religiosos y consagrados (…) pedimos hoy que el corazón de nuestros religiosos vuelva a arder en gratitud por el regalo de su vocación”.
Luego nuestro pastor volvió a referirse a la Virgen María: “En este día contemplamos a la madre de Dios que concluye su labor en la tierra y la comienza en el cielo. La imagen de la Asunción sobrecoge porque nos involucra a todos. Después de una vida humilde, una vida vivida con Cristo entre los últimos, María vuelve a la Trinidad Santa donde todo es gozo, vida plena y amor”.
“Queremos pedirle a la madre de Dios que interceda por cada uno de nosotros y por nuestra Iglesia diocesana, para que todo lo que hacemos sea misionero. Que seamos misioneros por dentro y por fuera, que nos dejemos habitar por la bondad de Dios, que nos duela el sufrimiento, que amemos la verdad y la justicia, que no nos detenga la envidia ni el temor, que no nos venza la comodidad, que no nos tengamos rencor entre nosotros”.
“En estos días en que en nuestra patria se está discutiendo una ley de aborto la Iglesia, como María, quiere escuchar y vivir la Palabra de Jesús que nos compromete: ‘lo que hiciste al más pequeño de mis hermanos, a mí me lo hiciste’ (Mt 25, 40). Esta Palabra de Jesús nos movilice con prontitud para ser misioneros integrales defendiendo y cuidando la vida dondequiera que esté amenazada, violentada y humillada; la Iglesia, como María, quiere peregrinar por la vida”, concluyó mons. Valenzuela.
Más adelante, durante el ofertorio, se vivió un hermoso signo pues las ofrendas bajaron desde las graderías pasando de mano en mano de los peregrinos.
La celebración eucarística culminó con un gran compromiso misionero por la vida, bajo el amparo de María del Carmen.
Así se puso fin esta esta fiesta de la Iglesia de Talca cuando empezaban a caer las primeras gotas de lluvia sobre Curicó.
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