El pasado jueves 31 de marzo a las 7:00 AM, falleció en el Hospital de Curicó, el Diácono Gerardo Muñoz Pérez. Años antes había sobrevivido a un accidente cerebro vascular que lo había dejado con parálisis en el lado izquierdo de su cuerpo y pérdida de la voz durante los últimos 14 años de su vida. El sábado 2 de abril a las 11:00 hrs. fue su misa de despedida en la Iglesia Matriz de Curicó, la que fue presidida por el Obispo Galo Fernández, acompañado de sacerdotes y diáconos. Asistieron más de 1000 personas que concurrieron de diversos lugares de la región y del país.
¿Quién fue Gerardo Antonio Muñoz Pérez, el Diácono de expresivos ojos azules y de sonrisa amplia?
Nació un día 6 de octubre de 1933 en la comuna de Vichuquén. Hijo de Don Luis Francisco Muñoz y de doña Doralisa Pérez Ahumada. Fue el segundo hijo varón de la familia, compuesta por 9 hermanos: Octavio, Estela, Blanca, Sara, Mercedes, María Olfa, Gerardo, Inés y Eleuterio (a quien llamaba “Tello”). Pocos años después de fallecido su padre, se trasladó a vivir a Curicó junto a su madre, y a sus dos hermanos menores para tener educación y un mejor porvenir. Estudió en el Instituto Politécnico Juan Terrier donde se tituló de mecánico tornero. Su primer trabajo fue en la empresa Triggs de Curicó, donde sus compañeros lo eligieron dirigente gremial participando activamente en la defensa de los derechos laborales.
Se casó el 28 de diciembre de 1961 con Viviana Riquelme con quien tuvo cuatro hijos Mylene, Gerardo, Javier y Marcos. Junto a ellos, crio y educó como una hija a su sobrina Isabel, hija de su hermano mayor Octavio fallecido a temprana edad (dejando a su viuda con doce hijos).
En 1966 le ofrecieron la jefatura de la Oficina del Agua Potable de Hualañé hasta donde se trasladó junto a su familia, desempeñándose en el cargo hasta 1974. En esta localidad participó activamente en la Iglesia Católica. Fue cofundador de la primera compañía de bomberos de Hualañé, junto a Luis Casas-Cordero y a otros vecinos. Años después regresó a Curicó, donde entre 1975 y 1980 fue jefe de personal de la Dirección de Obras Sanitarias en Curicó, iniciando la tradición de hacer fiestas de Navidad para los hijos e hijas de los trabajadores.
A fines de 1974, cuando volvió a Curicó, recibió formación como ministro de la iglesia católica sirviendo en la comunidad de la Iglesia San Juan Bautista. Tiempo después, el año 1986, fue ordenado Diácono por el obispo Carlos González Cruchaga con quien estableció una estrecha y afectuosa amistad. Realizó su Ministerio diaconal en la Iglesia La Merced de Curicó, junto al sacerdote holandés Teodoro Van Grieken Bell. Acompañó con la liturgia de la palabra y los sacramentos a diversas comunidades rurales tales como Los Cristales, San Roque, Los Niches, Sarmiento, entre otras. Además, en los veranos, evangelizó lugares de la costa tales como Llico, Iloca y Catemu.
Por otra parte, fue dirigente gremial en representación de sus compañeros de trabajo en la Dirección de Obras Sanitarias (DOS). Además, fue elegido Presidente del Centro General de Padres del Colegio Santa Marta, durante la etapa en que su hija mayor Mylene cursaba sus estudios de Educación Media. En este periodo colaboró estrechamente con el sacerdote Luigi Barbieri.
Como ciudadano fue militante de la democracia cristiana, partido al cual adhirió desde la campaña presidencial de Frei el año 1958 y posteriormente en la famosa “Revolución en Libertad” del año 1964 que llevó a Eduardo Frei Montalva a ser elegido Presidente de Chile. Durante el periodo del gobierno militar, su casa fue un centro de encuentro y debate para jóvenes y adultos que trabajaron por el retorno a la democracia. Trabajó activamente junto a su familia por la compaña del “No”. Una vez retornada la democracia, fue secretario distrital del senador Máximo Pacheco.
Fue un conocedor y amante de las tradiciones del campo, por ejemplo, de la trilla a yegua suelta en la cual participaba activamente. Cada vez que misionaba en alguna localidad rural, bautizaba a niños y niñas, bendecía a los enfermos y a los hogares que visitaba, celebraba liturgias de la palabra y matrimonios, compartiendo la misa y aceptando compartir la mesa con los lugareños.
Tenía un gran sentido del humor que se resaltaba por sus grandes y expresivos ojos azules y por su contagiosa sonrisa. Fue amigo de sus amigos, entre ellos el diácono Hugo Salas y el Obispo Carlos González Cruchaga. Disfrutaba jugando cartas con su hermano menor “Tello”, tanto en Curicó como en los lugares que visitaban juntos. Amaba la costa de Curicó, especialmente La Pesca, Iloca (donde tiene una casa), Duao, Lipimávida y Llico, sin olvidar su entrañable pueblo de Vichuquén. En el fútbol tuvo tres grandes amores Colo-Colo, Arturo Prat de Hualañé y más recientemente Curicó Unido.
En los últimos 14 años, el diácono de La Huerta, Francisco Díaz, venía periódicamente a verlo a Curicó, al igual que su amigo Marcos Guzmán quien lo visitaba junto a su esposa Edith. Por su lado, el ministro Hugo Fernández, todos los domingos le traía la comunión. Además, su vecina y amiga Leonor López venía a verlo cada semana.
A través de un par de testimonios de las diversas personas que lo conocieron y que compartieron con él en diferentes momentos de su vida, se puede comprender parte del legado que dejó.
Gerardo Muñoz Pérez, siempre haciendo un trabajo espiritual y solidario. En lo personal, agradecida por su amistad, sus consejos y disposición, que permitió que ayudáramos a algunas personas y que también compartiéramos momentos importantes de su vida familiar, sus aniversarios de matrimonio, sus cumpleaños, en fin, muchos momentos. Que Dios y sus ángeles lo reciban en su Santo Reino (Sonia Maturana, Directora Biblioteca Tomás Guevara de Curicó).
Conocí a Gerardo Muñoz Pérez siendo un adolescente que participaba en la Pastoral Juvenil de la Parroquia San Juan Bautista de Curicó. El matrimonio Muñoz-Riquelme siempre nos apoyó en nuestro quehacer, soportó nuestras travesuras, nos acogió con paciencia y generosidad […]. Gerardo y Viviana nos ayudaron a vivir nuestros mejores años con hermosos recuerdos de convivencia, hermandad y cariño. La partida de Gerardo me afecta profundamente, y me hace caer en la cuenta de todo lo que debemos agradecerle. Aunque no pude verlo y conversar con él por diversas razones durante mucho tiempo, siento que la fe y nuestras vivencias nos unieron para siempre. Y que Gerardo, con su eterna sonrisa y paciencia, vivirá siempre en nosotros y será recibido con los brazos abiertos por el Señor Jesús, en quien depositó su fe, su vida y sus esperanzas. Muchas gracias Gerardo por tu vida, por tu familia, por tus enseñanzas y consejos.
Un abrazo a Viviana, que ha vivido y preparó seguramente esta partida con especial amor, dedicación y dolor. Un abrazo a sus hijos y amigos nuestros, Gerardo, Mylene, Javier y Marcos. Y un abrazo querido Gerardo, buen viaje, buena Pascua. Salúdanos a tantos buenos amigos, amigas, hermanos y hermanas, los pastores queridos de nuestra juventud, con quienes ya estás reuniéndote. (Víctor San Martín, académico U. de Chile)
Gerardo Muñoz Pérez, apasionado misionero del Evangelio, bendecía haciendo la señal de la Cruz, a quien lo visitaba en su lecho de enfermo. Devoto de la procesión de la Virgen del Carmen, en la que participó incluso en sus últimos años, siendo llevado en silla de ruedas por su hijo Javier (Alcalde de Curicó).
Que descanse en paz junto a sus seres queridos. Que bendiga desde el cielo a su esposa, hijos, nietos y bisnietos, sobrinas, sobrinos, amigas y amigos.
Dr. Enrique Muñoz Reyes
Académico Dpto. Formación Inicial Docente de Facultad de Ciencias de la Educación
integrante Centro de Investigación en Educación para la justicia Social de la Universidad Católica del Maule