Ignacio Ramírez y Cristóbal Leyton, seminaristas en nuestra diócesis, culminaron su año pastoral este jueves 26 de enero, y se preparan para lo que viene en este camino al sacerdocio.
En el caso de Ignacio Ramírez, él realizó su año pastoral en la parroquia San José de Pelarco, y comenta que se ha sentido muy contento y acompañado por toda la comunidad.
“Ha sido una experiencia muy bonita, porque he tenido la posibilidad de conocer una localidad que no conocía, nunca había estado en la parroquia y fui muy bien acogido. Creo que nunca habían recibido un seminarista en año pastoral, y me acogieron muy bien. Uno viene con la disposición a entregar lo que tiene, a escuchar, a acompañar, pero la gente también me hizo una buena catequesis, en cuanto a estar con ellos, a compartir, a vivir la vida de la parroquia, la vida común de la parroquia cuando hay muchas actividades y cuando no las hay”.
“Dentro de la parroquia me tocó ayudar al equipo de liturgia, a trabajar con los jóvenes, son dos mundos distintos pero que se complementaron muy bien (…) Acá estuve acompañado por el padre Víctor Rojas, que fue muy cercano conmigo y destaco de él la posibilidad de estar atento a varias tareas, aparte de la parroquia creo que me ayudó también a distribuir bien los momentos del día, y también fue muy respetuoso de mi espacio y autonomía, y eso me ayudó también a tener una buena experiencia en la parroquia”.
Ignacio Ramírez, además de vivir su año pastoral en la parroquia también pudo brindar apoyo en la Vicaría de Pastoral Juvenil y en la Pastoral Universitaria de la UTalca.
Un momento de gracia
Por su parte, Cristóbal Leyton, pudo vivir su año pastoral en la parroquia Inmaculada Concepción de Pencahue, brindando apoyo en la parroquia Sagrado Corazón de Gualleco y al Santuario Inmaculada Concepción de Corinto.
Aseveró que fueron casi 22 comunidades en las que pudo servir, junto a los ministros de la parroquia, y para él fue un momento de gracia, donde pudo conocer más la realidad de la diócesis en la zona rural.
“Quedé muy contento con la experiencia, la agradecí mucho, cada comunidad es muy diversa, entonces pude conocer distintas maneras de vivir la fe. La devoción popular está muy presente, cosa que yo veía un poco de lejos. Por ejemplo, la fiesta de la Inmaculada en Corinto, una fiesta donde se vive el fervor popular de una forma muy cercana, muy de piel”.
“Todas las comunidades que visité me trataron muy bien, la gente es muy cariñosa, debo reconocer que subí de peso (risas) porque la gente demuestra su cariño con comida y me regalonearon mucho. Y pude ir haciendo vínculos también con ellos, me tocó celebrar muchas veces liturgias, y la gente muy cariñosa, muy dispuesta, muy preocupada de ayudarme a que todo saliera bien”.
¿Qué sigue para los seminaristas?
A partir del 26 de enero, ambos seminaristas van a disfrutar de un mes de vacaciones y posteriormente vuelven al Seminario Mayor de Santiago, donde tendrán una semana de retiro. Para luego comenzar los estudios teológicos en la Pontificia Universidad Católica, que ya eso sería la última etapa de estudios para ellos en vista al sacerdocio. Después de eso ya podrían volver a la diócesis para ponerse a disposición del Obispo, y ahí esperar la ordenación diaconal en tránsito.
Tanto Ignacio como Cristóbal, agradecen todo el apoyo en este año de sus comunidades parroquiales y esperan no olviden su paso por ellas, así como ellos no olvidarán todo lo aprendido en esta parte de su servicio.