Todo esto en el marco de un trabajo en conjunto que no sólo se centró en la evangelización, sino también en el conocer y empatizar con la realidad de las personas que recibieron a estos misioneros tanto en el campo, como en la ciudad.
Sin duda, el verano que ya concluye en nuestra Diócesis estuvo marcado por la realización de la Misión Alégrate, iniciativa de la Vicaría de Pastoral Juvenil de esta sede eclesiástica que buscó unificar las misiones parroquiales que año a año se realizaban en temporada estival tanto en sectores urbanos como rurales.
El objetivo se cumplió, pues cientos de jóvenes recorrieron diversas localidades con una característica, la polera verde que simbolizaba su unión a la hora de misionar.
Claudio Morales es el coordinador de la Misión Alégrate y señala que lo vivido fue bastante positivo, pues todos se transformaron una sola Iglesia.
Entre las experiencias que recuerda con más cariño está el paso de los misioneros por el centro de cumplimiento penitenciario de Talca, lugar en donde sintieron más cerca que nunca la presencia de Cristo.
“Esa fue la misión que más me marcó por el hecho de conocer una realidad que está muy lejana a nosotros, que es una realidad que la sociedad omite que existe y para mí fue un lugar en donde yo pude encontrarme de cerca con Jesús, entonces esa experiencia para mí fue de alegría. Además pudimos llevar alegría a los internos, a través de encuentro con Jesús”, sostuvo.
Más misioneros
Fueron grandes momentos y oportunidades de encontrarse con el Señor a través de las personas que más lo necesitan. Ante esto Claudio Morales hace un balance positivo, aunque señala que aún falta la realización de una reunión de evaluación en donde se analizará lo obtenido y, también, se estudiará una nueva Misión Alégrate 2017.
“Las evaluaciones que he escuchado han sido sugerencias para mejorar este material, por ejemplo hacer Liturgias un poco más cercanas a los jóvenes con algo más comprensible para ellos (…) desarrollar diversos temas de la formación que le dimos a los chiquillos, que fueran también aplicables para la gente de las comunidades”, agregó.
Claudio asegura que esta misión les ha dejado como legado la alegría de haber vivido cada uno de sus momentos, pero también una reflexión cuya base es la inquietud por llevar a cabo cosas a futuro, pues la Iglesia necesita más misioneros, no sólo jóvenes, sino también adultos.