Durante la mañana del jueves 02 de junio el clero de la Diócesis de Talca participó del Jubileo de los Sacerdotes, en el contexto de la fiesta del Sagrado de Corazón en que se celebra la santificación de los sacerdotes.
El punto de encuentro fue el ex Seminario San Pablo de Rauquén en Curicó. Después del saludo inicial se dio a paso a dos testimonios sobre la misericordia, a cargo del padre Tullio Pastorelli, religioso franciscano conventual, y del padre Luciano Arriagada Vergara, párroco de Duao y Maule.
Qué es lo que quiere Dios
“Me parece importante siempre mirar al pasado para poder seguir adelante, para poder agradecer el paso del Señor en mi vida, agradecer por su infinita misericordia. Yo entré el convento en Italia en 1988. Lo que movió mi corazón fue un acontecimiento doloroso, la muerte trágica de un amigo que murió ahogado. Gracias a este hecho comenzó algo más profundo para dar sentido a mi vida”, reconoció el padre Tullio.
Más adelante narró como su ordenación sacerdotal y próxima muerte de su padre se entrelazaron: “No entendía por qué Dios me hacía pasar por eso, estaba enojado por Dios. Después murió mi papá y la explicación a todo esto vino en una jornada juvenil en Asís. San Francisco dice que la verdadera alegría no es cuando todo va bien o hay aplausos. La verdadera alegría es cuando uno tiene paciencia en las adversidades. Sin duda entendía lo que Dios quería decirme, me reconcilié con él. Entendí que mi sacerdocio debía tener connotaciones de misericordia, de comprensión y cercanía con la gente”.
Por su parte, el padre Luciano manifestó que desde niño su vida estuvo vinculada a la Iglesia, “la misericordia de Dios va poniendo personas cerca de uno para acompañarlo. El seminario me ayudó mucho a reconciliar mi historia familiar, por ejemplo descubrir en mi papá a ese hombre de esfuerzo, sacrificio y lucha. El seminario me ayudó a ir descubriendo a este Dios que me llamaba con mi historia”.
“La vocación vivida se tiene que cimentar en el amor de Dios, es él quien toma siempre la iniciativa. En mis cinco años de sacerdocio he tratado de acompañar al pueblo, a este rebaño que se me ha confiado. Los desafíos han sido variados desde que llegué de vicario a Duao, es una comunidad que me ha ayudado a ser sacerdote”, explicó el padre Luciano.
Después de estos testimonios se realizó una pequeña procesión hasta la entrada de la capilla del seminario, lugar en que estaba la Puerta Santa del Año Jubilar. Todos con mucha alegría la cruzaron, en esos instantes comenzó el sacramento del Perdón en el que los presbíteros pudieron reconciliarse con el Señor. Luego se dio pasado a la celebración eucarística presidida por el obispo de Talca, monseñor Horacio Valenzuela Abarca.
Esta jornada del clero diocesano finalizó con un almuerzo de camaradería en el comedor del ex Seminario San Pablo de Rauquién.