El viernes 24 de junio el sector de San Guillermo, de la parroquia de Pelarco, vio cómo su capilla reabría sus puertas, luego de que este quedara dañado debido a los efectos del terremoto de febrero del 2010.
El proceso para ver renacer su lugar de oración se consolidó pocos días después de este siniestro natural con la unión de la comunidad, además de contar con los aportes de personas externas a ella. Los frutos de este trabajo permitieron volver a poner en pie este importante lugar de oración para dicha localidad y las futuras generaciones.
Con una Eucaristía, presidida por el obispo de Talca, monseñor Horacio Valenzuela Abarca se bendijo la nueva estructura de la capilla ante la alegría de todos los presentes, que veían en esto un anhelo ampliamente esperado.
En su homilía, nuestro pastor expresó a los fieles que siempre es bueno repetir una frase de Juan el Bautista que señala: “Es bueno que Cristo crezca en mí y que yo disminuya”.
“Queridos hermanos, esta frase solamente compartirla hoy día porque esta capillita tan linda que hoy estamos bendiciendo es para que en la comunidad de San Guillermo Cristo crezca y disminuya todo lo que no es de Cristo”, manifestó.
Crecer en la fe
El obispo de Talca agregó que es necesario hacerse las siguientes preguntas: ¿Qué se puede hacer para que Cristo crezca en mí? ¿Qué tiene que crecer en mí?.
“Lo primero es crecer en nuestra fe, tener cada día más fe y la fe es un regalo de Dios, hay que pedírselo, lo primero es que debemos pedírselo. Señor aumenta mi fe, yo creo en ti, pero aumenta mi fe, porque tengo poca, es frágil, débil, como Pedro que tenía fe en Jesús pero de repente aflojó un poquito y se hundió en el mar”, expresó.
Posteriormente los presentes destacaron la historia de la localidad, a la cual va unida la de la capilla, fuente de amor, de apego a la fe que con tanta devoción profesan.