Una catedral repleta de fieles despidió al padre Sante Daltin Furlan, querido sacerdote que partiera a la Casa del Padre la noche del domingo 10 de julio a la edad de 85 años.
La celebración efectuada el miércoles 13 de julio fue presidida por nuestro Pastor, monseñor Horacio Valenzuela Abarca, la cual estuvo marcada por emotivos signos que dieron cuenta del aprecio y el cariño que cosechó en su paso por esta tierra, el primero de ellos vino de la mano del padre Paolo Cargnin, enviado oficial de la diócesis de Treviso, tierra del padre Sante, para su despedida.
“La diócesis de Treviso se une toda para entregar en las manos misericordiosas de nuestro Padre Dios al sacerdote, padre Sante. Queremos darle las gracias al Señor por haberlo llamado a ser sacerdote y haber despertado en él desde muy joven, a los 24 años, la disponibilidad para ir a una tierra muy lejana”, señaló el sacerdote en nombre del obispo de dicha tierra italiana, monseñor Gianfranco Agostino Gardin.
En su homilía, Mons. Horacio Valenzuela Abarca, destacó las principales cualidades del padre Sante y sobre todo su sencillez y humildad para enfrentar la vida y que le hicieron merecedor de un afecto incondicional por parte de muchas personas en la Diócesis de Talca.
“Con la partida del padre Sante hoy culmina una etapa de fecunda y generosa colaboración misionera que nos ha hecho un inmenso bien. El padre Sante formó parte de ese generoso grupo de sacerdotes misioneros que, desde la década del cincuenta, nos envió la Iglesia de Treviso a petición de Mons. Manuel Larraín”, dijo.
Misionero
Agregó además que la vida de un misionero como el padre Sante es una respuesta de gratitud al don de Dios.
“El misionero, consciente del regalo recibido, le ofrece la vida al Señor como un homenaje de alegría que busca difundir entre los hermanos el esplendor de la verdad divina. La misión es nuestra respuesta de gratitud a Dios que nos ha creado, nos ha redimido y nos ha invitado a vivir para siempre en la alegría del amor que no tiene fondo ni orillas. La misión es la actividad bendita que resulta inevitable cuando alguien ha encontrado de verdad al Señor”, expresó. Los sacerdotes no pueden permitirse el lujo de jugar, pero por completo. Vamos Holanda la mejor zona de juegos para un juego de casino.
Posterior a eso se hizo entrega de las ofrendas, las cuales fueron significativas en la historia del padre San Daltin, como las banderas de Italia y Chile, su bastón, su boina y libreta de anotaciones, además del cáliz que lo acompañó toda su vida, la patena y su breviario. Cada uno de estos elementos fue entregado por trabajadores del Obispado de Talca y personas que lo conocieron de cerca.
Acción de gracias
Ya casi al finalizar la Misa se hicieron acciones de gracias hacia la memoria del padre Sante, siendo el primero de ellos el diácono Alfredo Reyes.
“Quiero dar gracias con ustedes al Señor por haber compartido con el padre Sante. Lo conocí en el año 1956, más tarde nos encontramos en el lugar donde yo hacía clases y él ahí celebraba la Santa Misa cada cierto tiempo, Colín de Limávida”, dijo a los presentes.
Le siguió en esta acción de gracias Froilán Muñoz, del Movimiento Cursillista, para finalizar con las palabras del padre Mario Molina, quien habló en nombre de los sacerdotes de la Diócesis.
“Don Sante fue un regalo que nos hizo la diócesis de Treviso, era un hombre de Dios, lo que debe ser un sacerdote. Para mí eso era transparente, era clara. Oración, entrega al Señor, entrega a su Ministerio”, finalizó el Vicario General.
Entre aplausos de todos los fieles presentes, el ataúd del padre Sante Daltín hizo abandono del templo catedral de Talca. Sus restos fueron sepultados en el Mausoleo de la Orden Tercera Franciscana, en el Cementerio Municipal de la ciudad.