Con motivo de conmemorar el Día del Párroco se realizó una Eucaristía en la capilla de la Casa Betania de Talca.
Recordemos que el 4 de agosto se recuerda a Juan María Vienney, más conocido como “Santo Cura de Ars”, patrono universal de los párrocos.
La celebración estuvo presidida por nuestro Pastor, monseñor Horacio Valenzuela Abarca y contó con la presencia de gran parte del clero de la diócesis.
En su homilía, el obispo de Talca agradeció al Señor por la vida y el ministerio de los sacerdotes presentes en nuestras parroquias y comunidades.
Según sus palabras, este agradecimiento no sólo es por un gesto de buena voluntad, sino como una expresión teológica y espiritual para que esta gratitud despierte en ellos nuevas energías de seguir buscando al Señor con pasión, alegría, creatividad y entusiasmo.
“Tenemos todo para hacerlo. Muchas veces la vida que vivimos nos adormece en lo esencial y por eso quiero darle gracias, en ese sentido, para que esta acción de gracias coloque también lo que vivimos, lo que somos en las manos del Señor como una Eucaristía. Con estas palabras de gratitud pretendo siempre saldar la deuda que tengo con los hermanos sacerdotes, por su ministerio, por su servicio, por su entrega”, dijo.
Adoptar distintos desafíos
Agregó el obispo de Talca que si bien actualmente ser sacerdote no es como lo era hace unas décadas, esto no debe doblegarles sino hacerles adoptar desafíos distintos porque Cristo y la Iglesia son los mismos. Monseñor Horacio Valenzuela argumentó que es en esta última en donde se quiere reinsertar la vida de quienes estaban presentes, la cual se genera por el bautismo y el orden sacerdotal.
“Estas circunstancias no benévolas, no distintas en nada con la que vivió el Santo Cura de Ars, de mucha virulencia, de mucha humillación, de mucha indiferencia especialmente en Francia en el siglo XIX. Es un tiempo muy lindo, porque es un tiempo que nos vuelve obligadamente esencial, no se podía teorizar sobre él. Tenía que ser la vida la que nos dijera, la historia, lo que va sucediendo también por culpa nuestra, con nuestra fragilidad, con nuestro pecado”, continuó.
Expresó además su agradecimiento por aquello que los sacerdotes hacen para que el Evangelio no se acalle en el ruido del tiempo y por el ministerio que tanto exige y requiere el pueblo.
Una vez finalizada la Misa, se realizó un compartir y almuerzo fraterno en Casa Betania, para concluir esta celebración del Día del Párroco.