Hasta la parroquia El Sagrario llegaron numerosas personas el miércoles 21 de septiembre, para celebrar el octavo aniversario de la pascua de monseñor Carlos González Cruchaga.
Personas que lo conocieron, que trabajaron con él, numerosos amigos y otros tantos formados por don Carlos participaron de esta Misa que fue presidida por el obispo de Talca, monseñor Horacio Valenzuela Abarca.
En la homilía el pastor hizo alusión al evangelio del día de San Mateo el cual invitaba a la humildad, como dirección necesaria para orientar y renovar la vida: “Mateo reconoce que el inicio de su vida nueva ha sido por la cercanía misericordiosa de Jesús, quien con su palabra le dio un giro completo a su vida”.
Humidad y misericordia
“Mirando todo esto –continuó diciendo el obispo- podemos acercarnos a la clave de la vida de don Carlos y a la razón por la que se extraña su presencia. Lo echamos de menos porque extrañamos la humildad y la misericordia. La ausencia de vanidad en don Carlos y su humildad tenía que ver en que era un hombre de aguas profundas, era más bien un buzo que un pescador de orilla”.
“Eso fue lo que le dio libertad para servir a la verdad y a la justicia en nuestra patria. Eso le sirvió para constituirse en fuente de consuelo, cobijo y acogida de tanta gente en dolores personales o familiares, en angustias existenciales, en tiempos de dificultad política. Por eso queremos darle gracias a Dios por su vida, por el bien que nos hizo, por sus escritos, por su pensamiento, por su recuerdo”, enfatizó monseñor Valenzuela.
Más adelante, en el momento del ofertorio, fueron presentados algunos de sus libros, textos que marcaron la vida pastoral de quien fuera pastor por 30 años de la Iglesia de Talca. También fueron llevados hasta el altar por hermanas de la congregación del Buen Samaritano, su mitra y báculo.
La celebración eucarística culminó con una procesión hasta la cripta del templo catedral, donde descansan los restos de don Carlos González, lugar en que se hizo oración y se depositó un arreglo floral en su tumba.