Cientos de personas, tanto en Talca como en Curicó, participaron de la celebración de culminación del Año de la Misericordia, oportunidad en que también los ministros enviados renovaron su servicio por tres años.
La fiesta de Cristo Rey de Universo fue el broche de oro para la culminación del Año Santo de la Misericordia, este domingo 20 de noviembre, con eucaristías en Curicó y en Talca, ambas presididas por monseñor Horacio Valenzuela Abarca.
Todo comenzó con la bendición del agua y seguidamente se bendijo a todo el pueblo de Dios presente en la Misa.
“En este día de Cristo Rey culmina el año litúrgico y también termina el Jubileo Extraordinario de la Misericordia, que convocó el Papa Francisco con ocasión de los 50 años de la clausura del Concilio Vaticano II, el cual abrió un tiempo nuevo para la Iglesia. El Espíritu Santo sopló fuerte porque habían desafíos grandes, había que hablar de Dios de un modo más comprensible y había que ser en el mundo un signo vivo del amor del Padre Dios”, dijo el obispo de Talca.
La infinita misericordia del Señor
“Cuánto le agradecemos al Papa Francisco esta iniciativa del año jubilar, que nos ha invitado a la conversión dirigiendo nuestro pensamiento a la vida eterna. Cuando estamos seguros de eso esta vida se hace distinta. El Papa quiso abrir el cielo hablándonos de la indulgencia que es algo que pasa más allá del tiempo. Eso nos acercó a la fuente de la misericordia en la Eucaristía, en la Confesión para quitarnos el peso de nuestros pecados”, aseveró el pastor.
En referencia al evangelio dominical monseñor Valenzuela manifestó que Jesús en la cruz miró a la multitud con infinita ternura y misericordia: “El Señor Jesús quiso que todos tuvieran la experiencia del amor de Dios. Con su último aliento Jesús pidió a su madre y San Juan que se cuidaran mutuamente. Jesús muriendo perdonó a los soldados, abrió el cielo al buen ladrón y entregó su espíritu al Padre. En la cruz Jesús sanó todas nuestra relaciones”.
Misericordia, misión y ministerios
“Como Iglesia diocesana queremos ser portadores de la misericordia del Señor, es el remedio para al hombre y el contenido de nuestra misión. Es la razón de ser nuestro entusiasmo. Como hijos de la Iglesia que peregrina en Talca y Curicó queremos ser misioneros, canales de su compasión. Con este tiempo jubilar el Señor nos ha querido ampliar el corazón, teniendo la experiencia del amor desbordante de Dios”.
“Hoy los ministros renovarán por tres años su ministerio. El ministerio que ustedes han recibido viene de la misericordia de Dios, los ministerios que recibimos se comprenden y entienden en la misericordia. No tenemos palabras parta agradecer el amor a la Iglesia que ustedes tienen y la generosidad con que sirven a nuestras comunidades. Gracias a su misión la Iglesia puede acercarse a tantos que se sienten abandonados por ella, a los que se han alejado de Dios o están indiferentes. Gracias queridos ministros y sus familias por sus vidas comprometidas con el Reino”, mencionó el obispo.
Luego de la homilía los ministros enviados se pusieron pie para renovar su compromiso y servicio ante Dios y la Iglesia. Seguidamente las esposas también expresaron el deseo que sus maridos siguieran en este servicio. A continuación los ministros enviados se revistieron con el alba siendo ayudados por sus esposas, momento emotivo que se selló con el aplauso de todos presentes.
Cierre de la Puerta Santa
Al culminar la Eucaristía se hizo procesión hasta la Puerta Santa, siendo encabezada por monseñor Horacio Valenzuela. En ese momento nuestro pastor señaló: “Continúa derramando sobre nosotros tu Espíritu Santo, para que no nos cansemos de volver con fe la mirada hacia tu Hijo, Rey del Universo, rostro esplendoroso de tu infinita Misericordia, refugio seguro para todos nosotros, pecadores, necesitados del perdón y la paz, de la verdad que libera y salva. Tu Hijo Jesús es la Puerta a través de la cual vamos a Ti, fuente inagotable de consuelo para todos”.
De manera solemne el obispo procedió a cerrar la Puerta Santa, “demos gracias con alegría a Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, porque en este año de gracia nos ha bendecido con todas las bendiciones espirituales en los cielos en Cristo. A todos se nos ha ofrecido un tiempo precioso de misericordia y de conversión”.
Así se puso término a esta hermosa celebración, con un compartir fraterno en el atrio del templo. Además, los fieles pudieron llevarse una botellita con agua bendita para bendecir sus hogares, como prolongación de esta gran fiesta que fue el Año Jubilar de la Misericordia.