Con la presencia de la comunidad parroquial de Pelarco y de las Hermanas del Prado, la hermana Mónica Muñoz Negrete dio gracias a Dios por este tiempo de servicio y amor al Señor y a tantas personas con las que se ha relacionado en todos estos años.
La Eucaristía se realizó en la parroquia San José de Pelarco el domingo 18 de diciembre, siendo presidida por el párroco padre Andrés Pérez Poblete, quien expresó que esta era una ocasión de fiesta por el aniversario de vida consagrada de la hermana Mónica.
En tanto, la religiosa afirmó que estos 35 años han sido un caminar de alegría con altos y bajos pero sostenida por el amor de Dios y de sus hermanas.
“Agradecida del Señor que me ha regaloneado, Dios ha sido muy bueno conmigo, incluso en los momentos difíciles. En los lugares de inserción donde he vivido hay muchas cosas que me han marcado. Soy alegre pero muy contemplativa, me gusta observar y acoger lo que ustedes realizan, eso me alimenta y fortalece. La sencillez de la gente me ha marcado, su fe profunda”, mencionó la hermana Mónica.
También recordó su experiencia en Colombia, país en el que estuvo 20 años: “Un pueblo sufrido por la violencia, pero admiro mucho de ellos la capacidad de levantarse y su alegría”.
“El encuentro con Jesucristo transforma nuestra mirada y nuestro corazón, en eso insistía mucho nuestro fundador el padre Chevrier (…) es por eso que cada día nos ayudamos a vivir como discípulas y apóstoles de Jesús (…) los testimonios de ustedes me han ayudado mucho, me han evangelizado. Son personas capaces de comprometerse, de caminar, son como los dulces que el Señor me regala cada día”, aseveró la religiosa del Prado.
En el momento del ofertorio destacó la presencia de los hermanos de la hermana Mónica Muñoz, quienes llevaron hasta el altar las ofrendas. También el momento del Padre Nuestro fueron invitados al altar por el padre Andrés Pérez.
Al concluir la celebración eucarística los coordinadores de la comunidad hicieron entrega de un regalo a la religiosa, como forma de agradecer su presencia en medio de la vida de las personas de Pelarco.
Posteriormente, todos los presentes fueron invitados a un agradable compartir en los jardines de la sede parroquial.