Muy queridos hermanos y hermanas en el Señor: Quiero saludarles con mucho cariño ya cercano el comienzo de la Santa Cuaresma.
Junto a todos los obispos de Chile hoy nos encontramos casi al final de nuestra peregrinación a Roma. En esta ciudad, Pedro el primer Papa y Pablo el primer misionero de la Iglesia, derramaron su sangre por confesar a Cristo y por predicar su Evangelio.
Los obispos hemos venido a encontrarnos con el Papa Francisco quien es hoy el sucesor de San Pedro y a orar en la tumba de San Pablo. Con ellos renovamos y fortalecemos la fe y recibimos un nuevo impulso para anunciar juntos el Evangelio con alegría misionera.
En cada encuentro con nuestro querido Papa Francisco les puedo asegurar que todos han estado presentes en el pensamiento, en el corazón y en la súplica. En cada eucaristía y en cada oración les hemos recordado con cariño. Toda nuestra Iglesia Diocesana ha sido bendecida por Jesucristo por medio de su Vicario en la tierra. Todos recibimos esa bendición que nos ayudará para amar más a Cristo y para vivir su Evangelio con mayor entusiasmo y valentía.
Al comenzar la Cuaresma el próximo Miércoles de Cenizas, quisiera invitarlos para que juntos nos preparemos a vivir la Pascua que es la muerte y Resurrección del Señor. Para ello, nuestra oración deberá ser más intensa; nuestro deseo de dejarnos cambiar por el Señor deberá ser más decidido; y nuestro amor a cada persona deberá hacerse más real y visible.
La mejor prueba para saber si nuestra Cuaresma ha sido buena, será si crece el amor por alguna persona que debo querer más. Será buena, si he perdonado a alguien que me ofendió; o si me he sacrificado para que alguna persona sea un poco más feliz. Será buena, si he gastado tiempo para que alguien esté menos solo, se sienta más seguro e importante.
“La Cuaresma es un tiempo propicio para abrir la puerta a cualquiera persona necesitada y reconocer en ella el rostro de Cristo“. (Papa Francisco, Mensaje de Cuaresma 2017).
Este Miércoles próximo, al recibir la ceniza bendita en nuestra frente, recordaremos que todo se termina, todo se pierde menos el amor que le hayamos dado a Dios en cada hermano, especialmente si vive consumido por algún dolor o miseria. Nuestra vida cristiana renovada por la Cuaresma, por los sacramentos y la oración, será el mayor regalo para la paz que tanto necesitamos.
De la mano de María, nuestra Madre, recorramos este camino de cuarenta días que nos traerá mucha alegría al corazón.
Los bendice con gratitud.
+ MONS. HORACIO VALENZUELA ABARCA
Obispo de Talca
Ciudad de El Vaticano, 25 de Febrero de 2017.